Creación literaria y pandemia: conversaciones Sol Linares.

Por Verónica Torres

¿Cuáles son las perspectivas actuales para la creación? ¿Consideras que el acto literario en esta pandemia, es fruto de las medidas globales o del malestar del encierro?

Hablar de acto literario en la pandemia, para mí es sinónimo de creación en cualquier periodo de crisis. La literatura responde a favor de un orden necesario para entender un problema. Yo no sé si he podido escribir textos importantes en mis días más felices; cuando tengo mis necesidades absolutamente cubiertas, quizás lo que se escribe en esos momentos es más lúdico. Sin embargo siento que lo que he escrito, que está en el eje transversal de mi trabajo literario, ocupa épocas más difíciles, de enfrentamientos propios o con la realidad. La humanidad atraviesa por crisis constantemente y se renueva. La literatura y el arte en general, son unificadores de un lamento global y preocupaciones que trascienden lo individual. En este caso, estoy convencida de que la gente está buscando cómo manifestar ese malestar del que hablas; la soledad de estar sitiados, la pérdida de trabajo, la migración y la muerte. Son muchas cosas las que encaramos como especie en estos tiempos y el arte funge como organizador de esas categorías; como el altoparlante de nuestras grandes preocupaciones. También trabaja como mecanismo de escape, donde la gente conecta con otras realidades, que tal vez tienen muchas similitudes entre sí. Por supuesto con varios tonos, varias pinturas. Estamos pintando a través de las artes y de lo que hacemos en cautiverio, el paisaje de la pandemia. Las crónicas de nuestros cautiverios, son espejos para otras personas en cualquier parte del mundo y esto lo está aportando la literatura. La pandemia ha puesto sobre la mesa las grandes debilidades de todo el sistema de realidad humana: el sistema de salud y la relación de trabajo. Cómo trabajamos los seres humanos sin estar expuestos a un virus, sin exponer a nuestras familias. Cómo hacemos funcionar una economía que parece tener todas las dificultades del mundo para fluir. Son miles de relaciones entre todos estos elementos, que se están rompiendo, que están rotas. No sabemos cómo darle continuidad y por supuesto se pone en riesgo la vida de los seres humanos, lo cotidiano, el trabajo, nuestra vida como sistema. Nos aterra que todo se detenga. Nos aterra pensar cómo será estar solos con nosotros mismos, resolver nuestras propias necesidades, cuando lo que yo hago depende también de la mano de otra persona y de millones de manos. Lo que rescato de este momento histórico planetario es que las crisis llegan siempre a reorganizarlo todo. Traen grandes lecciones para cada individuo y la especie humana, llegan para destruir viejos esquemas, valores, sistemas de acciones, programaciones sociales, metodologías y corrientes de pensamiento. Tal vez lo más importante es encontrar en el caos la llave correcta que abra nuevos caminos. Cuando hablamos de literatura siempre estaremos hablando de la vida.

La pandemia ha hecho que estalle algo dormido por la rutina, que impedía vernos como somos. Cuando se trata de rasgos personales, tratamos de evitar que alteren la rutina que nos mantiene vivos, la que nos da el dinero y el contacto social. Ahora tenemos toda la rutina apagada e iluminamos los rincones que no eran atendidos. ¿Nuestra literatura es una reproducción del discurso de coacción que nos ha encerrado en casa, o es todo lo que teníamos reprimido en nuestro interior?

Puedo decirte que, dentro de esa rueda de discursos narrativos de nuestro aislamiento, uno de los que domina es el de la crisis del sujeto en cautiverio, que primero habita una casa por la que ha luchado toda la vida, pero que tal vez no conoce a fondo. Una casa a la que llega en la noche, desecho o desecha y deja los restos del individuo en una cama. Hay una realidad del espacio, no solo de la gente que está habituada a salir a trabajar, sino también de las personas que están fuera del país y lo añoran. La ansiedad de no estar en los lugares más apropiados para pasar una cuarentena como esta. Entonces en principio, es la crisis del sujeto en cautiverio: ¿quién soy? ¿qué hago? Aunque sean mis espacios, no me reconozco en ellos porque no aprendí a habitarlos. Estoy acostumbrado a habitar el afuera, servir al afuera, trabajar para la máquina que no se detiene; lidiar con una realidad constante y administrar mi tiempo. De pronto, tengo todo eso, de cuajo, encima de mí. No sé qué hacer con esa libertad cruel que ganamos en la pandemia, ni qué hacer conmigo mismo. Hay muchos síntomas implicados: culpa, estrés, ansiedad y frustración. Al comienzo, no digo que haya sido durante todo este proceso, la cuarentena condujo a la depresión. Luego que pasamos este proceso, vino la reconstrucción. Empezamos por lo individual, porque es allí donde vemos los grandes efectos. La gente ha aprovechado el confinamiento para aprender algo nuevo: bailar tap, comer con palillos chinos, a tejer y además para transmitir conocimientos. Nos enseña que podemos transformar la relación de trabajo, la forma en que interactuamos con los demás, cómo nos proyectamos; lo que es importante y lo que no. Cómo creamos una realidad llena de sentidos. Te confieso que, al principio, comencé a vivir la cuarentena con una euforia escondida, porque jamás había vivido tal sensación de descanso planetario. La máquina se detenía y yo probaba, por primera vez, el sabor de no estar bajo presión de ningún tipo. Aunque eso implicara que la gran presión vendría después. El tema de los talleres, me ha servido para encontrarme con personas en cualquier parte del mundo, que me revelan realidades inusitadas. Hay una gran ternura en esto; en la reunión, en la necesidad de manifestar lo que somos. Porque también hay un discurso del yo, que está cobrando mucha fuerza: yo soy esto, yo hago esto, yo me fabulo a mí mismo a través de una cámara de teléfono y comienzo a tejer una serie de narrativas de mí mismo, que me ayudan a salir a flote. Hay gente que se quedó encerrada en Argentina, en este caso venezolanos, y una de ellas sobrevive haciendo mascarillas a mano y con eso ha podido cubrir sus gastos. Estas realidades, tan distantes y a la vez tan parecidas, estrechan lazos importantes: los del reconocimiento del otro. La literatura termina siendo la excusa para la reunión de seres humanos, para el encuentro y para hacer terapia. Hoy me da gusto decir que los talleres han brindado alternativas creativas a muchas personas. El individuo necesitaba recrearse desde otro contexto: el propio.

De acuerdo a tu visión sobre la narrativa, ¿consideras que la pandemia puede ser el germen de una contracultura literaria? ¿Qué temas empezarían a reflejarse en la literatura?

La narrativa, ahora hablando como género literario, no sé si ha sido uno de los más confiables, pero sí uno de los más populares a la hora de registrar momentos históricos determinantes. En este momento yo confío en que en todos los países del mundo hay escritores, preparando novelas
sobre la pandemia. Deben estar configurando un mapa sentimental y material de todo por lo que está atravesando la humanidad y eso, desde ya, es bastante esperanzador. Siempre te dará confianza que haya un novelista, un cuentista, un poeta, registrando las rupturas de la humanidad. Porque esta generación y la que viene y la que sigue, conocerán un poco quiénes éramos en este momento. No estoy segura de cuáles sean las consecuencias estéticas de la pandemia, o qué aporte a las artes o cuáles sean los caminos que tome, pero sí creo que está comenzando a traer efectos bien interesantes en cuanto a cómo nos expresamos. Demás está
decir que vivimos en un mundo donde hasta los síntomas se globalizan. ¿Cómo? ¿Qué va a traer? No lo sé, pero la clave está en cómo resuelve el sujeto su forma de expresión y cómo se apoya en todos los aparatos tecnológicos que gobiernan la pulsión de esta generación. Uno de los efectos, siendo optimistas, es que la pandemia pase de ser un chisme planetario a un estilo de vida con mayor sentido. Las artes están tomando el pulso de lo imposible, y creo que viene del hecho de que el ser humano, ante todo, es creador. A mayores dificultades más poderosas son nuestras medidas creativas. Hay algo que veo, y es que en un momento parecía que los medios de expresión y los recursos tecnológicos habían sido secuestrados por los jóvenes. Que los adultos ya no tenían nada que decir. Los adultos y los pobres. Que no iban a encontrar la forma de
participar en este autorrelato. Ahora está ocurriendo algo extraordinario: desde bebés hasta ancianos participan hoy de la narrativa humana. Ahora todos queremos contar nuestra historia. Mostrar lo que hacemos. Se vive en comunión generacional. Esto es otro de los efectos de la pandemia. Casi nadie pasa al espectro de lo inútil, desdeñado porque no tiene suficiente edad, o tiene demasiada, para hacer algo extraordinario. Veo adultos contemporáneos que tienen cuentas muy subversivas, cuyos seguidores son esencialmente jóvenes.

Sol Linares. Venezuela, 1978. Novelista, cuentista, ilustradora. Primer lugar en el concurso Cuento, ensayo, poesía (ULA, 2002) por el cuento “Bitácora de ti”. Primer lugar en la III Bienal Nacional de Literatura “Ramón Palomares” 2007 con el libro de cuentos Cuentafarsas ―Fondo Editorial Arturo Cardozo 2007. Fundarte 2010―. Primer lugar en el Concurso Internacional de Novela ALBA Narrativa 2010 con la obra Percusión y Tomate ―El Perro y la Rana (Venezuela 2010), Fondo Cultural ALBA (Cuba 2011), la Oveja Roja (España 2016); Acirema (Venezuela, 2018)―. En el año 2011, Monte Ávila Editores publica su segundo libro de cuentos La circuncisa. Premio Municipal de Literatura Luis Britto García 2014 por su novela Canción de la aguja ―Fundarte 2013―. Premio Municipal de Literatura Luis Britto García 2015 por su libro de cuentos La silla cruza las piernas (Fundarte 2014). Muestra de su trabajo narrativo ha sido recogido en distintas antologías plurales, como Antología sin Fin (Escuela del sur, 2012), De qué va el cuento (Alfaguara, 2013), Nuestros más cercanos parientes (Editorial Kalathos, España 2016). Autora de la publicación periódica Verbolatría reunidos recientemente en su blog (sollinares.blogspot.com). Sus colaboraciones en distintos medios de comunicación impresos se realizan en forma de artículos literarios y caricaturas. Hoy incursiona en el género de comedia Stand up Comedy.

2 Comments

  1. Federico Rivero Scarani

    Estimada, Sol Linares, me resulta interesante su visión sobre la creación litararia en este periodo tan complejo para la Humanidad. “La Literatura y el arte en general, son unificadores de un lamento global y preocupaciones que trascienden lo individual”.
    Usted dice con propiedad. El arte en todos sus aspectos, busca “sublimar” emociones complejas, tristes, trascendentes.
    Sería un placer conocer más su obra.
    Saludos cordiales.

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