Virus en el cine

Luis Aguilar

Los sueños del hombre son tan variados como personas en el mundo y el cine,principalmente en el Siglo XX, ha otorgado una vía para plasmarlos. Adherido a la vida común, nos dice qué desear, establece cánones que adoptamos dando por hecho que es correcto. Es la ventana perfecta para asomarse a mundos perpetuos en una pantalla. La angustia inicia cuando el filme es crudo, lo suficiente para sentirlo en carne propia, y cuando la realidad ha superado escenarios devastadores de las películas. La premisa de que la realidad supera a la ficción, tomó fuerza a recientes fechas.
El crecimiento exponencial del Covid-19 tiene semiparalizado al mundo
desde hace varios meses, con consecuencias directas a la economía y sociedad. Los zombis sobran, virus mortales o bombas para azotar a un mundo descompuesto fueron innecesarios. La fuerza de este organismo nunca fue mostrada en películas, menos aún imaginar un desenlace, porque los mundos post apocalípticos pocas veces son tan detallados en sus explicaciones acerca de cómo llegamos a ese punto.
Violencia, escases y pobreza son temas recurrentes en el cine de pandemias, sólo que el amplio portafolio de películas bajo este género al que he llamado pandémico, ha dejado de centrarse en el derrumbe mental provocado por el encierro, único método para contener el crecimiento del Coronavirus. Es seguro que seamos diferentes al salir, sólo para encontrarnos con un mundo gastado, con luchas sociales, desempleo y el añoro por la vida pasada. El cine, además de un arte, cuenta con la desventaja de ser industria, y digo desventaja porque las ideas de los guionistas o directores responden a intereses económicos y, por más intentos que se hagan por conciliar ambos mundos, el producto final dista de la idea original, ¿qué tan redituable es para las casas productoras las historias pandémicas sin explosiones o persecuciones por ciudades desiertas?

Hay que sumergirse en la historia del cine para encontrar concepciones
diferentes a las necesidades taquilleras de la industria. Aquí una selección que, aunque algunas rompieron la barrera del éxito económico para volverse un culto, concentrar sus esfuerzos en el realismo de la historia.

Fausto
Ocho años después de perder la Primera Guerra Mundial, el pueblo alemán fuetestigo en 1926 de lo que, hasta ese momento, fue el filme más caro en la historia del cine, que corrió a cargo de uno de sus máximos genios en la materia, Friedrich Wilhelm Murnau. Fausto, un alquimista y filósofo, acuerda con Mephisto (un demonio), que si lo ayuda a curar a su pueblo, azotado por una plaga de peste, entregará su alma en recompensa. Lo que inicia como una petición de bienestar, termina con
el estudioso corrompido por los deseos terrenales y engaños del diablo, quien su única premisa es mostrar que el hombre es malo por naturaleza.
El director tomó de base la novela homónima de su compatriota el poeta
romántico, Johann Wolgang von Goethe, y la adaptó al cine con un mundo de variantes necesarias para la época.
El trabajo del guionista Hans Kyser es una muestra del ímpetu requerido
para trabajar en el cine alemán. Para ese momento, el cine era mudo y la novela de Goethe, en su mayoría, se compone de diálogos. El reto fue resuelto en 106 minutos de duración. Apalancaron el ritmo de la historia en los actores, quienes fueron extraídos del teatro clásico para trabajar con Murnau, quien elevó la calidad del filme con innovadores efectos especiales y fotografía expresionista, una de las incontables aportaciones de Alemania al cine. La banda sonora quizá sea lo único que puede competir en calidad como elemento aislado de la película, tarea hecha por gusto: escucharla mientras se sigue el hilo de la historia, enriquecen la experiencia. Fausto (Faust – eine deutshe Volkssage) fue un desastre en taquilla y el boleto de avión de Murnau al cálido imperio naciente: Hollywood. Es una joya del cine que puede marcar el inicio del género pandémico.

Al igual que la peste, Fausto no fue hecho a la medida del hombre; se
creyó que sólo fue un mal sueño que acabaría pronto.

Pánico en las calles.
A mitad del siglo XX, un director de cine con cinco filmes olvidables como cartade presentación, consiguió una oportunidad que aprovechó al máximo y a cambio, dejó grabado su nombre en la historia del cine.
Elia Kazan, migrante griego en Nueva York, dirigió en 1950 Pánico en las
calles (Panic in the streets). La premisa es la siguiente: una noche en un puerto de Nueva Orleans, Blackie, junto con sus apostadores, asesinan a un inmigrante que les ganó en el póker. Al día siguiente un médico acompañado por un oficial de policía, confirman que el muerto tenía peste negra, contando con 48 horas para encontrar al asesino e impedir una plaga en el estado. Para crecer la tensión del espectador, Kazan acuñó su historia al género negro o Cine negro, apegándose a sus estrictas reglas: filmar con presupuestos bajos, el bien contra el mal, mujeres fatales y asesinatos en ciudades de atmósferas inmundas.
Hace falta una mirada a los actores para comprobar la razón por la que
Kazan se graduó de la licenciatura de teatro por la Universidad de Yale. Logró juntar dos universos para mostrar la desesperación de las autoridades ante el riesgo de poner a prueba sus sistemas de emergencia.
Demasiado realismo en los instantes previos a una pandemia incomodó
al público de la época, y Pánico en las calles resultó un fracaso taquillero, un filme destinado al olvido que de no ser por su relanzamiento en Blu-ray y sus escuetas ventas, desaparecería.
Para Kazan este filme representó su lanzamiento a la fama, una carrera
artística prolífica (director de cine y teatro, actor y escritor), y el rechazo de una parte de la industria por revelar los nombres de sus compañeros comunistas en la época del McCarthysmo.

Doce monos
La irregular y controvertida carrera de Terry Gilliam, abrió las puertas de un
proyecto de presupuesto bajo. En 1995 llegó a sus manos el guion de 12 monos (Twelve Monkeys). Inspirado en el mediometraje francés La jetée, que cuenta la historia de la humanidad recluida al subsuelo, tras la propagación de un virus que obligó a abandonar la superficie, cediendo su reinado a animales salvajes. Cole (Bruce Willis), el protagonista, viaja en peligrosas misiones al pasado con el fin de impedir la propagación del virus.
El filme es una celebración de la locura y la muerte, el héroe trata de
triunfar sobre el caos de su condición (viajero en el tiempo), doblegado a los ignorantes caprichos de la humanidad. Una visión del mundo como un lugar frío, oscuro y desolador, hasta el romance entre los protagonistas parece más desesperado que alegre. Gilliam sólo dirigía guiones escritos por él, con 12 monos cometió una excepción, por segunda vez en su vida, gracias a lo inteligente del guion, según contó en diversas entrevistas. Tengamos en cuenta que la benevolencia de Gilliam pudo formarse a partir de sus dos filmes previos. Las aventuras del barón Munchausen (The adventures of Baron Munchausen, 1988) y Pescador de ilusiones (The fisher King, 1991) fueron un par de fracasos taquilleros y lo alejaron del nombre que formó con Brazil (1985).
La estética, visión distópica y el entendimiento de la ciencia ficción
mostrado en Brazil, fueron las principales herramientas que lo catapultaron al radar de la casa productora Universal Pictures que compró los derechos para producir 12 monos.
Un lujoso reparto engalanó la filmación; encabezado por Bruce Willis
quien filmó sin cobrar un centavo (recuperó su inversión con el cobro de regalías) y Brad Pitt, quien a la postre ganaría un Globo de Oro por Mejor actor secundario, además de una nominación al Oscar en la categoría de Mejor actor de reparto. La película tuvo un éxito inmediato, años después se produciría una serie inspirada en las misiones del ejército de los 12 monos. La complejidad de la misma atrajo contados seguidores y fue cancelada. Quizá sea una muestra de la sombra sobre sí y la maestría de Gilliam para compactar equipos de trabajo y entregar proyectos, al menos, controvertidos.
Un filme repleto de acción, con una compleja trama que navega entre
viajes al pasado y presente, alterando la concepción del tiempo hasta creer el futuro es historia.
Tres filmes de épocas distintas con una base similar: un virus. Si se desea
alejarse de películas de sufrida sobrevivencia, donde las curas se ciñen a efectos especiales para maquillar los huecos en la historia, vale la pena revisitar las propuestas de estos tres directores.
Con pesar sospecho que el cine, incluso las series, vivirán épocas
aburridas sobre la cuarentena y las vidas que frustró. Antes de llegar a todo eso, detengámonos en las propuestas del Siglo XX, quizá dejemos de ver tan innovadoras cientos de películas.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s