¿Qué quieres decir, Jack?

Ricardo J. García Gómez

Las ideas se tienen; en las creencias se está.
~José Ortega y Gasset

Este es nuestro espacio: tuyo y mío. Permite que te presente con los
demás. ¿Quién es Jack? La respuesta, si es que existe alguna, ya la
dio Monsiváis:

Es ―como suele suceder― un lugar común, una situación
evidente, un proyecto continuo. Ese proyecto tiene diversas
posibilidades de frustrarse. Y esto es lo que me interesa del
proyecto: sus posibilidades de frustración…

Será difícil, hay que admitirlo, porque el único propósito de este espacio
es su destrucción. Quiero que desaparezca, y columna a columna
iremos intentando que eso suceda. El duelo de inteligencias,
subjetividades y emociones da inicio.
Mi juego será el siguiente: entender ―con ayuda de muchas personas y
ambientes― la configuración psicológica del caos, la locura y sus
posibilidades de realización en la existencia crepuscular. Dicho de otra
forma, mi interés se centrará en la idea de Jack. Esta idea se irá
dotando, paso a paso, de procesos psicológicos que nos ayuden a
fijarla como una existencia material dentro de una circunstancia. Debido
a ello Jack no es un personaje, tampoco es una figura y mucho menos
algo existente. Jack es idea, y como tal no tiene proceso alguno de
subjetivación. En algún punto, dentro de esta travesía y espacio, tendrá
conciencia y podrá decirnos algo. Por ahora, pediré que intentemos no
pensar en Jack ‘como algo’. Tampoco saquemos a Jack de aquí, su
espacio. Moverlo a otras narrativas sin conocer la idea solo conducirá al
caos sin sentido.
El nombre, debo decirlo, está tomado de diversas ideas que me
permitirán desarrollar lo que pretendo: un homenaje a personajes que
interactúan con algo que se ha llamado ‘la ética cruel’. Desde el teatro a
la filosofía, pasando por las narrativas la ética ha sido el centro de
viejos conceptos que permiten un entendimiento ‘más que humano’.
Romper el prejuicio de lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo, la
vida feliz y la vida mala, resulta necesario. De esta forma, y de aquí en
adelante le daré los pinceles a Jack para que nos muestre esos
espacios existentes en la estructura psicológica que nos llevarán a lo
verdaderamente humano.

Iniciar este desandar por el mundo podemos hacerlo a partir de un
proceso de carácter global: el encierro ante la pandemia. Aunque, hay
que admitirlo, mucho se ha hablado ya de ello: desde los confines
ensayísticos de Judith Butler hasta la perspicacia de Enrique Dussel.
Por supuesto, no olvidamos los enfrentamientos críticos de las
formulaciones del posestructuralismo, pero nuestro interés está
centrado en algo muy específico. Pongamos por situación el encierro
como idea libre apegada a un carácter moral, desde una postura
individualista. Aquí, especialmente en este campo, la individualidad será
entendida como una reestructuración desde la comunidad o la tribu.
Cuando mi idea de libertad descansa sobre una configuración nacional,
puedo sentirme perdido. Si esta idea, por otro lado, parte desde lo
individual puedo cuestionarme qué tanto me afectará este proceso.
Incluir una serie de elementos subjetivos me permite llevar estas
reflexiones a un aspecto que por el momento no entiendo: ¿en realidad
soy libre? Y en cierto modo, mi respuesta depende de una preexistencia
anterior a mí. Lo que logro al cuestionarme un derecho fundamental es
permitir un proceso de bifurcación donde lo imaginario tiene lugar. Esta
creencia establecida y aceptada, es ciertamente, el continente de
nuestra vida, como diría Ortega. Lo que hay aquí es una configuración
en lo corporal, por utilizar ideas de Paul B. Preciado, quien nos advierte
de esta forma identitaria. La creencia nos pertenece a tal grado que
viene a formar parte de una personalidad en constante proceso de
desarrollo en la actividad que realizamos. O bien, es fundamento
existente de la moral.
Al recluirnos en un espacio cohabitado por múltiples estancias, es
normal que en determinado punto y espacio sienta una necesidad de
expresar miedo, temor, coraje o bien, un entramado emocional
encapsulado en una postura epistemológica al que daremos por
nombre ‘perversidad’. Quiero decir que, sobre la base de mis ideas
comienzo a pintar escenarios donde exista la posibilidad para otro
orden. Un espacio preestablecido, donde las ideas florezcan alrededor
de estructuras museísticas que guardan el pasado. Saber que me he
retirado a un lugar que habito y que vuelvo a conocer es entender la
idea de una decadencia: el encierro siempre será prisión, y como tal, lo
habitable se configura de formas crueles. El cuarto donde tantas veces
dormí puede adaptarse a un calabozo donde la respiración se agota. La
ansiedad por recuperar la idea preexistente de libertad me lleva a una
desintegración de mi psique. En realidad, por mucho que tenga el
deseo de recuperar autores desde lo histórico-cultural (Zeigarnk y
Bratus), la desintegración tiene que ver más con un repensar la
moralidad que habito, y en otra estancia mayor, la ética que practico.
Ese es pues, el objetivo fundamental de la ética cruel.

Abrimos la posibilidad de postular la libertad como una idea y no
existencia en sí, aunque con posibilidad de existir en tecnologías
diversas. El reconocimiento de emociones destructivas, por ende, se
vuelven a configurar como posibilidades estéticas. Negar un derecho
fundamental, es aceptar su existencia en otros ordenes, y, sobre todo,
con posibilidad de cambio. Hasta el momento, habitar una conducta
sustentada en mí libertad nos desconecta del otro-mundo, del otro-
orden. Repensar la libertad, a partir de las diversidades existentes nos
abre ordenes a realidades presentes, cambiantes, configuradas y
desconfiguradas. En sí, puedo decir que no me gusta estar en el
encierro, en mi idea establecida de libertad que me lleva a encerrarme,
pero comienzo a habitarla de otra forma. Encuentro nuevos espacios,
nuevos lugares y encuentros ecosistémicos. Aquel lugar que servía
para leer lo he convertido en un lugar donde puedo meditar, y el
espacio donde antes solo dormía es ahora una constante reflexión que
me lleva a querer deshabitarla.
Es cierto, las puertas que abro se pintan de colores diversos, donde la
paleta de emociones puede llevarme a cuestionamientos globales y
específicos, pero sobre todo a realidades alternas que estamos por
vivir. Por ello mi interés está centrado en la moralidad como paso a una
ética, donde se vuelve relevante a medida que avanzamos en nuestro
camino por la vida. Somos posibilidades de cambio, la pregunta es:
¿qué nos sostiene, Jack?

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