La secuela del modernismo en México

Por Germán Álvarez

El término Modernismo también permite aludir a un movimiento más reducido que se despliega en México de modo paralelo al caso de otros países de Latinoamérica. La delimitación del fenómeno local como modernismo mexicano es eficaz desde la crítica, excepto por la falta significativa, antes del año 1910, de una convención sobre la literatura nacional muy necesaria. De cualquier forma el movimiento sobresale gracias al debate del estatus de letras mexicanas ahora en el contexto de la literatura mundial, a la adaptación de los temas y las formas de la vanguardia literaria finisecular, especialmente la francesa, y al diálogo flexible con una corriente alternativa de trasfondo regionalista. En este pasaje surge la pregunta acerca de una legítima identidad del modernismo mexicano. No habrá una respuesta satisfactoria, sólo el margen de una cadena de autores, obras y revistas literarias. Los roces con otros modernismos o con esa vertiente continental dejan entrever, no obstante, cómo la gran poesía modernista (de 1880 a 1894) se confina a una estilística cosmopolita, en tanto, la prosa moderna (de 1895 a 1909) trae una actualización posterior encima de la evaluación final de la poesía hacia 1910 y de las manifestaciones tardías de la poesía y la prosa extendidas hasta el año de 1925. Es decir, esos roces literarios dejan entrever cómo el modernismo mexicano efervescente de 1895 a 1905 asume el giro de la prosa, lo cual arrastra un matiz distintivo. Las notas de dos autores apoyarán la hipótesis. Primero, Max Henríquez Ureña indica en su Breve Historia del Modernismo el relieve de la tendencia modernista mexicana, enuncia:

Al terminar el siglo XIX, la más intensa actividad del movimiento modernista se concentró en México. Puede decirse que, a partir de ese momento, la ciudad de México fue la capital del modernismo, o, si se quiere su meridiano, como hasta la víspera la había sido Buenos Aires, antes de que la partida de Rubén Darío para Europa hubiera dado la señal de dispersión del grupo que se reunía en torno suyo y desapareciera también […] [la revista] El Mercurio de América. [1]

En seguida aparece un segundo precedente. María Guadalupe García Barragán defiende a lo largo de su libro El naturalismo literario en México [2], la tesis de que a las letras mexicanas en prosa de los últimos años del siglo XIX y principios del XX les corresponde el debate del naturalismo literario en Hispanoamérica dada la gran producción de obras bajo ese cauce contraria a la de otros países de Latinoamérica. Ambos planteamientos amplían la perspectiva del modernismo mexicano que, en todo caso podría diferenciarse por el auge alrededor del año 1900 de una obra en prosa de perfil múltiple, una obra naturalista, posnaturalista y regional de tránsito hacia el relato de la Revolución mexicana.
El cronograma del modernismo en México da más ejemplos del arraigo hacia las narrativas que hacia la poesía pronto desfasada en cantidad. Unos cuantos datos podrán en contexto el proceso. Para el año 1890 ya se afirma la entrada del modernismo en México con autores precursores como Manuel Gutiérrez Nájera o Salvador Díaz Mirón enlazados a menudo desde la poesía. Con la apertura de la Revista Azul (1894-1896) de Manuel Gutiérrez Nájera y Carlos Díaz Dufóo, el escenario modernista se transforma en verdadero un foro prosaico como lo había sido la revista el Renacimiento (1869) de Ignacio Manuel Altamirano.
Los nuevos prosistas fundan una segunda publicación modernista mexicana.  La Revista Moderna Arte y Ciencia (1898-1903) de Jesús E. Valenzuela y José Juan Tablada, dimensionará a varios niveles el encuentro de los narradores modernistas Bernardo Couto Castillo, Alberto Leduc y Amado Nervo, con los próximos realistas mexicanos Rafael Delgado, Heriberto Frías o Federico Gamboa, a pesar del sentido antipopular originario del medio. Las condiciones de la correlación varían un poco para la segunda fase de la Revista Moderna, ahora llamada, de México (1903-1911), condiciones que están aún por discutirse sin importar una u otra instancia.

Notas,

1. Max Henríquez Ureña, Apartado XIX. México, Op cit., p. 472.
2. María Guadalupe García Barragán, El naturalismo literario en México, Universidad Nacional Autónoma de
México, 1993.

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