Rutina

Por Alejandra Olson

Hay un vértigo que me acompaña,
cuando hablo delante de dos personas.
Un nudo me enmudece,
aprieto los dientes;
y en la fractura que sufro,
está acumulando
manzana
manzana
manzana
y desasosiego.

La manzana
comienza a quebrar las muelas,
en la oscuridad de la caverna,
esa en la que vivimos
con las piernas preocupadas
por avanzar o correr,
pero una mano monstruosa
recoge los pasos para hundirlos
en las arenas movedizas del miedo.

Ese hueco gigante que nos devora
de tanto chocar los molares.
También carecemos de valentía
para agarrar la sílaba: no,
y pasearla por la boca
para que estalle en el aullido
más profundo, que hace nudos
de pánico en los hombros
derrumbados por el alquitrán,
pasando días y días
con las encías para masticar la parálisis
en la mandíbula llamada impunemente vida.

(rutina)

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