Dos poemas

Por rosario G Towns

Sellado

Hoy, un ángel de ojos verdeazules, me dijo:
no te dejaré caer.
me tendió su brazo,
su cabello
su luz de niña.

Siempre hay un más abajo del abajo
Siempre hay un más alto de lo alto;
necesito mi fe para tener a mi Dios
y a mi Dios para creer…

No puedo lograr que alguien me quiera;
quiero el poder para lograrlo…
Me urge agua suficiente para flotar;
me urge luz que cauterice tanta herida;
me urge dormir para huir de mi, de ti…

Sobre la mesa donde escribo, hay flores secas,
un vino sin descorchar, un cenicero de horas
y papeles donde ensayo el adiós…

Me resbalan las 5:00 pm entre los senos,
me crujen los dientes de callar,
me sangran los nudillos y la sonrisa.

¡Para qué mi todo, desde quién su nada!
¡Por qué mi edad, mi solitud, mi canto fuerte!

Voy a ser baja, loca, ignorante
Voy a ser necia, floja, escotada
Voy a ser vulgar, borracha, tramposa:
porque según las escrituras no se es feliz
porque según las estadísticas así se rie…

Quiero la tierra para ganarme un corazón
y si se me niega el cielo al caer mis pestañas:
que de postizas vaguen aire abajo…
Total…de tan -plástica-, seré retornable
seré reciclable
seré reutilizable
contrario a como he sido: poquita, ligera, anónima y fugaz.

 

Espontánea

Y un día, tal vez nublado, volteas y te has llenado de escaleras y pan de agua; de libros y canas.
El aire de agosto es el mismo pero tú respiras distinto; el azul se llama: motivos y, las 4:AM
gritan estreno… Te pones dulce, te pones bosque, te pones luz y se te enfrían las caderas.
¿Quién conoce la canción del miedo?
Te salvas con la poquita lluvia que rebota de la cama al tiempo; con una voz cortada por
– te quieros-.
Y, un día veintiseis, una magia cosechada y la secuencia de la hora muda: son tu nueva fe.
La almohada de lágrimas y memorias no reconoce la risa con que caes y, tu mano izquierda
descubre su propia escritura.
Te expandes como un sentimiento, lloras sobre un pecho lejano y el hada de la caricia te firma
las mejillas. ¿Qué dudas van rampa arriba por el mínimo vacío de la añoranza, del vientre hacia
la historia de cien ayeres?
Si… un día que desteje los territorios blandos y sopla cenizas de furia; que deja a los poros
sublevarse y se rasga con la levedad de un aliento.
Así me sentí: con las arterias inocentes y los párpados colina abajo, como niña de encajes
prometidos y casa de flancos despertando. Un amanecer, una luna para dos ventanas de ciudad;
con un –Señora mía- entre la bata y el poema: un día y para ya siempre.

 

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