¡Oh, rosa!; oh, juventud lejana; ¡oh, Gohete y Mozart!

Por Jonathan Caceido Girón

“A nosotros los inmortales no nos gusta que se nos tome en serio, nos gusta la broma.”
Harry Haller

Me muevo por la estepa solitaria.
Ando de teatro en teatro.
La entrada no es para cualquiera:
SÓLO PARA LOCOS.

Degusto el Tractatus de mi ser.
Lo lamo, lo degüello, lo escupo.
Me desdoblo en el espejo.
Ahora somos dos.

Las sombras se miran a través del cristal.
¡Me muestro mis afilados dientes!
¡Me temo!
¿Acaso sé quién soy?
¿La carne viscosa que carga la mierda dentro de sí?
¿O la sombra que no puede amar?

Es más: ¡no quiero aprender a bailar!
Soy incapaz de adaptarme al rostro otro
por temor al rechazo.

Armanda, María y Rosa
Mías son.
Así, como también me pertenece
un pedacito de sus lunares.

Pablo: es el dueño del infierno.
Los muros: escupen palabras.
Con premura compraré un boletico para el panteón.
El amor me quitó la posibilidad
del suicidio.

Armanda y su inequívoca empresa:
morir por la daga.

Gohete y la mansa sonrisa,
larga como la primavera.
Mozart: un santo,
hediondo DIOS
fraguado en las antipáticas
melodías de Salieri.

Un frenesí de máscaras.
Un lobo solitario
lanza su aullar.
Las almas se estremecen.

La soledad: una finísima amiga.
La compañía: una manera de
resistir:
La vida: un ratico de amor.
Trémulos: son mis diálogos.
Estos versos: no para cualquiera.
Entrada al poema disponible:
Sólo para locos.

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