Dengue

Por María Teresa Peña Pérez

Tomás amaneció con un dolor de cabeza intenso, más intenso de lo normal, semejante a la migraña, que asoció con la noche de juerga el día anterior. Se levantó una hora más tarde de lo habitual; antes de salir a trabajar preparó un omelet y café con leche. En una vista previa al médico recibió la recomendación de iniciar el día con desayunos ligeros, frente a las extrañas molestias que presentaba: dolor en el cuerpo, salpullido, enrojecimiento del rostro. Su esposa despertó al sentir el movimiento en el colchón, aunque volvió al sueño rápidamente. Ella también notaba algo extraño en su marido: malhumor constante, más visitas al bar y una desagradable bola de carne en su espalda, de muy mal aspecto. Pero el matrimonio no quiso darle importancia a lo que ocurría hasta el momento en que los síntomas atacaron a Tomás, provocando fiebre que rondaba los cuarenta grados y temblores en el cuerpo. Por desgracia, Tomás era un hombre de naturaleza reacia a los consejos, necio en sus costumbres, y se negó a quedarse en reposo. Realizó sus actividades sintiendo que la cabeza le iba a estallar; aun así terminó sus tareas con empeño. Se sorprendió al descubrir que la bola de carne en su espalda crecía con el paso de los días. Esa noche pidió a su esposa un masaje y ella intentó disminuir la protuberancia, que ya alcanzaba el tamaño de una pelota de ping-pong, como si tratase un nudo muscular, pero a pesar del aceite concentrado de alcohol y
hierbas desinflamatorias, la bola apenas si disminuyó de tamaño.

Pasó algunas noches más con insomnio y alucinaciones; luego, sin dudarlo más, acudió al doctor. En el camino sufrió un desmayo y por recomendación del médico pasó sus días siguientes en reposo y con una dieta estricta. A partir de entonces los cambios en la rutina de la pareja no se hicieron esperar; del completo descuido y abandono físico, pasó a un cuidado obsesivo, impulsado por la falta de diagnóstico, que lo mantuvo en un estado de tensión constante, siempre atento a los síntomas; pero estos no disminuyeron, ni cambiaron. En especial sentía tocar el borde de un ataque de nervios cuando notaba el
crecimiento de la bola en su espalda, aun cuando ni su mujer o el médico creyeran
en un incremento de la protuberancia. No fue raro que perdiera el apetito, adelgazando hasta ser incapaz de levantarse a trabajar. El caso resultó tan serio para los médicos que examinaron sorprendidos al hombre con mucha atención durante semanas. Pero todo fue inútil. La mujer de Tomás lloró largamente cuando escuchó los desesperados lamentos de su marido; durante la crisis alucinaba con pequeños temblores y balbuceos de palabras incomprensibles. Abandonó la ciudad incapaz de volver a la calma ordinaria, y temerosa de aceptar que la vida de su esposo se acababa, hora tras
hora, sin poder hacer algo por evitarlo. En la despedida, trató de sonreír y abrazar a su marido; al partir se sintió aliviada de que perdiera el conocimiento. Tomás murió unos días después. Cuando los médicos revisaron el cuerpo, la bola de carne tenía manchas oscuras; en seguida, temiendo lo peor, solicitaron que el cuerpo fuera cremado junto con la alfombra y la ropa de cama del dormitorio. El caso pronto se volvió una noticia que causaba escalofríos. La casa donde viviera la pareja fue abandonada y sin la menor atención, ni cuidado, el jardín creció hasta convertirse en una selva; los animales se refugiaban con espanto de la amenaza que en su medio habitual los enfermaba también hasta llevarlos a la muerte.
Nadie anticipo el desastre y aunque al principio fue considerado como una maldición, la aparición de una bola de carne resultó la monstruosa señal del ataque, por fin descubierto, de un brote viral causado por la picadura de mosquito, que más adelante se conocería bajo el nombre de dengue.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s