Un soplo de su vida en la mía

Carla de Pedro

Abro al azar un libro de Clarice Lispector y leo “…para mí todo lo que existe lo hace por algún tipo de magia. (…)Hace dos meses me sucedió una cosa que me hace estremecer sólo con pensarla. Yo estaba angustiada, sola, sin ninguna perspectiva, ya saben cómo es eso. Cuando de repente, sin ningún aviso, empezó a caer un chaparrón (…) Esa lluvia repentina me liberó (…) La lluvia y yo, las dos tuvimos una relación mágica…”
Tras leer esto, recuerdo que una amiga una vez me comentó que a veces, por las noches, saltan chispitas de luz cuando te mueves. Los científicos tienen para esto una explicación, tras oírla la gente se queda tranquila. ¡Cómo si por saber la causa física esto dejara de ser asombroso! A mi amiga esa explicación no le bastaba. Siempre hay más allá de la física. Esas luces son magia, la lluvia es magia. Saber el ciclo del agua no cambia nada. Las personas racionales no lo entenderían.
Con esa amiga y con otras alguna vez nos reunimos a hablar de Clarice Lispector. Con vino, música y muchos libros nos juntamos en el departamento de una de ellas a leer y comentar los textos de la brasileña. Reímos y lloramos, porque Clarice lleva a eso, también divagamos y discutimos. No estuvimos de acuerdo en muchas cosas, pero sí en algo: en que estábamos conectadas con Clarice.
Creo que Clarice y yo habríamos sido de verdad buenas amigas, pero también creo que si
hubiese sido mi maestra le hubiese temido. Me la imagino con su cigarro en la mano y con su mirada altiva. Pero también puedo verla vulnerable y desolada, como un pollito que sólo por existir ya sufre.
Clarice nació en Ucrania, pero era brasileña. Era físicamente hermosa, en ciertos círculos es famosa sólo porque tenía ojos verdes, pero esa obviedad aquí no interesa. Lo que sí importa es que creía que las palabras, la literatura, son el medio más cercano a la comunicación. Clarice no escribía desde su mano sino desde su alma, se desnudaba. Escribía también desde su inteligencia, la del corazón.
Era dulce y cariñosa; maternal, afirmaba ella; y era apasionada, seguramente al amar se
entregaba por completo; pero a la vez, era engreída y recelosa, me imagino que elegía a la gente con cautela de inteligencia gatuna.
Su escritura, como ella, es sencilla y compleja al mismo tiempo. Sencilla, en el sentido de que no busca impactar con un lenguaje elaborado, no desea alardear, a la manera renacentista, de su ingenio ni de su pluma. Sencilla también porque no habla de grandes aventuras, sino que se basa en la vida común y rutinaria. Compleja, porque profundiza en temas que a veces callamos, que ocultamos bajo la cama porque nos aterran. Nos habla de nuestro ser, de una realidad más interna y más intensa de la que hay a simple vista. Para ella, crear “es correr el gran riesgo de acceder a la realidad”. Eso sí que es un riesgo.
Tan compleja y simple era que, en una entrevista, afirmó que un colega le dijo que no entendía una sola palabra de La pasión según G.H, mientras una adolescente comprendió esta novela perfectamente. Al hablar con la adolescente, Clarice comprendió que no estaba tan sola como creía. Talvez también escribía para comunicarse con espíritus que se le asemejaban. Y la adolescente seguramente se lo agradeció tanto como yo.
Admiro de Clarice su franqueza, su honestidad, su capacidad para decir “yo no sé eso”. Perotambién su ligera y muy fina ironía.
Estoy segura de que su vida y su obra se relacionan al extremo. No porque cuente anécdotas o hable de gente específica -aunque sí habla de sitios precisos, pero no, tampoco por eso- sino porque ella escribía con la misma alma con la que habitaba el mundo. Un ejemplo de esta relación es que era adicta al tabaco, tanto que casi le costó la vida en un incendio; pues bien, creo que fumaba para calmar su angustia, esa angustia que se lee en cada una de sus letras.
La angustia, como bien dice Kierkegaard, no proviene de algo externo. Esto lo digo porque no se encontrará en la biografía de esta escritora un motivo para tal sentir, es un sentir que surge sólo de existir. Podemos decir que tuvo vivencias que le causaron dolor, que sintió culpa de la muerte de su madre ante su nacimiento, que sufrió por perder el amor, que debió soportar sus quemaduras, pero la angustia que sentía iba más allá de eso.
Clarice creía en Dios, aunque no lo perdonara. Creía, desde su visión judía del mundo, que hay algo que trasciende nuestro yo y que en ese algo está Dios y estamos nosotros mismos (nosotros, sin el pronombre, ¿cómo decirlo?). Sabía que a veces el lenguaje no abarca realidades, porque, aunque es un medio grande, sigue sin ser infinito puesto que está hecho a nuestra pequeña medida o, si es que es más grande, como humanos lo usamos y ya. Ella creía en la eternidad y en el infinito y por eso se sentía más pequeña que la mayoría de los seres humanos, quienes se creen lo más importante del universo.
Clarice era una mujer que veía, que percibía la magia que algunos sólo intuimos, pero, sobre todo, era una mujer capaz de mostrar y de decir en palabras tantas cosas que a veces sabemos sin comprender o sin poder nombrar. Clarice nos legó un soplo de su sabiduría, este soplo era su inspiración, la cual provenía, como bien dijo ella, “del más profundo “yo” de cada persona, del inconsciente individual, colectivo cósmico.” Creo que su escritura provenía del lugar de donde vienen los sueños y los mitos, las verdades más profundas del hombre y que siguen transgrediendo los tiempos para llegar hasta nosotros.
El corazón, dice María Zambrano, es la víscera más noble porque lleva consigo la imagen de un espacio, de un dentro obscuro, secreto y misterioso que, en ocasiones, se abre. Clarice tenía la capacidad de la apertura.
Cuando terminó la tertulia con mis amigas, nos despedimos alegres porque habíamos tendido un puente. Pero sabíamos que Clarice era la constructora, la que había sabido comunicarnos entre nosotras y con el universo como no sabíamos hacerlo por nuestra cuenta, porque ella nos lo había puesto muy fácil, sólo era cuestión de leerla y decir: sí, claro, es eso. Ella había hablado con cada una de nosotras y lo había hecho desde adentro.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s