Poemas en el frío

Tomás Emilio Sánchez Valdés

Lo que te diría

Cuánto y cómo te lo diría

cuánto te haría saber que amo tu risa.

tan hermosa,

tan llena de vida,

que cura toda herida,

que me llena de alegría.

 

Cómo desearía callarte;

callarte para libre poder verte

y con los ojos hablarte de tu mirada;

tan ardiente como el fuego,

que en mi piel y alma deja marca.

Y es esa marca la que sigo,

es esa marca mi esperanza.

 

Porque no hay arte que no duela

y es amar el más grande arte

donde uno mismo es lienzo.

 

Pero aunque sé el cuánto y cómo;

El cuándo me es impensable,

dime tú entonces cuándo y en qué lugares,

puedo declararte estas verdades.

Dímelo e iré, aunque tenga que recorrer los mares

Dímelo y te lo diré, ojalá sea en las oscuridades.

 

Los soldados nada olvidan

 

Ay, los soldados nada olvidan. Te juro que nada olvidamos.

No olvidé las caídas de tu pelo de obsidiana,

tan oscuro como la noche; pacífica y silenciosa.

 

No olvido los sueños con tus labios abiertos.

Oh, y esos cielos ocultos que no quieren ser descubiertos.

 

Tus ojos que son borrosos, casi tanto como mi alma que apenas ve.

Ay, si supieras como veo el mundo, sabrías que vería mejor estando ciego,

porque te seguiría viendo a ti, te seguiría amando aún en recuerdos.

 

Aunque talvez sí podría olvidar tu pelo, tus labios, tus ojos y hasta tu nombre,

pero no tu risa; única luz, única guía, por la que avanza este alma dolida.

 

Única razón por la que seguiré luchando en esta guerra todavía.

Lucharé hasta que sea el día.

Y luego seguiré luchando,

para llenar toda tu vida siempre

de pura y hermosa alegría.

 

Del mar a la tierra

 

De todas las noches que paso

partiéndome las piernas con un mazo,

no hay momento que recuerde, no lo hay

salvo el tuyo nada más, sólo ese puedo mirar.

 

De no sentir los brazos de aplastarlos

a no sentir ni el estómago, ni el pecho.

Y si los siento, los lamento, lamento malgastarlos,

porque el amarte ya es todo un hecho.

 

De mareos en la cabeza, de mares en mi mente.

de verme en todos lados, de saltar entre mujeres,

me veo muerto de placeres,

me hallo perdido en las paredes,

y me desangro en los papeles,

con tinta y con mis pieles.

 

De amarte tanto a odiarte mucho.

De agradecerte a culparte yo lucho,

por perdonarme, por excusarme,

por olvidarte, por recordarte.

Porque con yo sólo pensarte

la vida entera, toda se me parte,

porque no hay manera para mi corazón,

de encontrar el modo de dejarte.

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