La belleza incomprendida.

Valerie Camacho

Aún estás preguntándote si estuvo mal tratar de buscar la definición absoluta del signo que nació con nosotros.

Le buscaste conclusiones, fórmulas, acertijos, símbolos, razones.

Todo eso te dió ideas, te dió ímpetu.

Las voces de la oscuridad te hablaban sin pericia.

Ellas mismas te confundían, pero tú seguías de igual de inmóvil ante tus conceptos. —Incognoscible hombre—sigues cuestionado cada movimiento de tu sombra, de las huellas que has dejado. —Dédalo sin adivinanzas—has estado toda una década, en tu universo sofocante, imaginando tu cuerpo salir a la luz.

Toda una vida, dibujándote huyendo de la sombría desesperación.

¡Lúcida fantasmagoría!

Toda una vida

El espejo mirándote a ti, tú, crédulo lo miras, creyendo observarlo.

La elucubración te penetra con ira desde el fondo de ti.

Una epifanía se revela ante el vidrio cóncavo.

Un reflejo anfibológico aparece, el cual sigue confundiéndote en la cápsula de tu miedo.

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