En lo profundo de una nariz

Alejandra Canela

Es casi noche y el viento grita
hasta desmarañarse las canas;
grita como una mujer asustada,
como teniendo un orgasmo.

Se sume la brisa mojada entre los techos de las casas viejas
y apenas se distingue una línea de luz

por encima del hombro de un gigante.

Te encuentro a ti,
entonces,
hundido en las tinieblas del anochecer,
tu reflejo encandila como los faros de un auto a medianoche
en pleno camino que lleva
de la urbe al pueblo más cercano,
donde abundan las leyendas de personas que mueren
porque buscan qué comer
dónde dormir
a quién amar.

Se erige tu recuerdo
en medio de las luces rojas del semáforo

y el paso peatonal invadido por ebrios, distraídos y cuerpos rotos.

Se erige como las raíces de un árbol
que destruye el concreto.

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