Mujer árbol

Por Estela Clemente Santiago

Muy cerca de la gran ciudad, un pequeño bosque sobrevivía de las grandes construcciones del ser humano, la razón era el temor hacia el hermoso ser que habitaba cerca del más viejo árbol, su nombre un roble ángel. Los hombres más fuertes han intentado matar el principal enemigo, pero solo lograban encontrar la muerte en solo acercarse, ninguno ha podido describir la realidad de ese bosque, excepto los niños que a veces se pierden jugando, algunos tuvieron la mala suerte de presenciar la muerte de un hombre, creían que la culpable era esa hermosa mujer de piel de chocolate y manchas verdes en la mayoría de su cuerpo, bailaba jugando entre las ramas retorcidas del roble, esos jóvenes hipnotizados por esos dulces pasos la seguían intentando tocar el verde cabello cubierto de flores, la dulce sonrisa de la joven crecía al cubrirlos en un fuerte abrazo, sus dientes afilados se asomaban para devorar el cuello, hambrienta arrancaba la cabeza para seguir devorando el tronco del hombre, cuando la sangre cubría a la figura humanoide de la chica, los niños huían aterrados, logrando escapar de la escena.

Las personas que viven en la orilla de la ciudad la llaman “la sirena”, por desgracia los jóvenes adultos no creían ni una pisca de la historia de los pequeños, solo los ancianos que años atrás habían convivido con la doncella hecha de partes del roble ángel.

La sirena era la forma que el roble ángel podía comunicarse con los seres humanos, aprendió bailar gracias a los pájaros que habitaban en sus ramas, ellos revoloteaban entre sus piernas y brazos guiándola a dar suaves movimientos de una bailarina. Cuando la ciudad ofrecía los primeros grandes edificios, ella conoció un pequeño niño que se había perdido por descuido de sus padres.

– ¿has visto a mis padres? – la voz tierna del niño encantó a la dulce mujer árbol.

La joven solo negó con la cabeza dulcemente y acaricio el corto cabello del pequeño, era la primera vez que conocía un infante  “tan encantador” pensó, cuando las lágrimas del niño aparecieron en su rostro, la pusieron nerviosa sin saber que hacer por él, quería decirle que lo ayudaría, que lo protegería hasta encontrar a sus padres.

Con sus rasposas manos intentó limpiar su rostro, pero el niño solo dejo de llorar al mirar como torpemente esa mujer árbol, buscaba entre las ramas algún objeto para entretenerlo, la sirena sonrió con el pequeño. Las horas pasaron rápido entre sus bailes y risas, cuando los padres encontraron al niño, este jugaba debajo del gran roble, la mujer árbol al sentir la presencia regreso a su forma original, sin poder despedirse del niño, solo observo que se alejaba de ella, el pequeño levantaba su mano abierta despidiéndose de su nueva amiga.

Esa noche el padre planeó por años matar a su familia, crear una nueva, eran sus razones, se aburría tener la misma por cinco años. Una vez que disparo en la cabeza de su encantadora esposa, se dirigió al pequeño cuarto de la cabaña donde tomaban sus vacaciones. El pequeño que no tenía sueño por recordar a la dulce mujer árbol, en consecuencia presenció  cada detalle de la muerte de su madre, huyo del lugar mientras el monstruo disfrutaba observar el cadáver, el niño corrió lo más rápido posible gritaba entre los arboles “¡Señora, señora, señora!

Una vez que reconoció el camino hacia el roble ángel, detrás de él, su padre lo había encontrado gracias al alboroto.

La sirena al escuchar la voz aterrorizado del niño corrió en su búsqueda, el pequeño al verla otra vez se apresuró a protegerse entre sus brazos, la mujer que no comprendía lo que estaba pasando, uso las ramas que salían de su espalda para cubrirlo, por desgracia la bala penetro el escudo de madera, atravesando el corazón del niño, era la primera vez que la mujer se cubrió de la sangre humana, era la primera vez que lloraba al perder a un ser que amaba y era la primera vez que deseaba la venganza.

El hombre quien admiraba ver la hermosa mujer como acurrucaba el pequeño cadáver en sus pechos, decidió matarla y no dejar testigos, fuera lo que fuera esa creatura angelical.

Uno, dos, tres, cuatro balas atravesaron la frente de la sirena, no lograba matarla, esta dejó el pequeño cuerpo en el piso, camino dejando salir sus lágrimas del vacío de sus cuencas, el padre aterrado intento correr pero la mujer lo detuvo estando a un par de centímetros, ella le sonrió hipnotizándolo, el padre sin poder mover ni una parte de su cuerpo, dejo que la sirena lo abrazara, olfateando su pecho hasta llegar a su cuello para empezar arrancarle la piel, asombrada por el líquido rojizo que brotaba, bebió y mastico hasta dejar solo pedazos de carne y hueso.

Los años han pasado para la mujer árbol, pero el dolor aún permanece en sus raíces, baila para calmarse, devora hombres para saciar su venganza y sonríe a los niños que le recuerdan al pequeño perdido.  FIN

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