La gran madre

Por Estela Clemente Santiago

“¡Mi mama es maravillosa!” es mi respuesta a todas las preguntas de mis hermanas mostrándoles con una sonrisa, pero el dolor que nace de mi pecho logra cubrir todo mi cuerpo, con solo el recordarla, quiero llorar por ella y quiero volver a ser una humana.

Tenía catorce años cuando mi vida había terminado, al caer a un acantilado, fue por mi torpeza, al tratar de hablar con esos pequeños seres que bailaban entre las raíces que sobresalían de los árboles.

“Como deseo ser como ellas” fueron las últimas palabras que logre decirle a mi madre.

“¡que idiota fui!” solo tenía que decirle “Que la amaba”, solo era una niña boba.

Ella escucho mi anhelo de ser parte de la naturaleza, no le extraño porque mi ser suplicaba estar unida a la gran madre. Después de mi entierro, ella se adentró al bosque para cumplir mi deseo, a cada amanecer dejaba de llorar para gritar a los cuatro vientos algún ser que pudiera cumplir mi deseo, tanto era su anhelo de cumplirme que se descuidó, su cuerpo era otro, tan delgado y sucio, mantenía la misma ropa desgastada, a veces se detenía a comer algún fruto o tomar un poco de agua de los ríos, pero no era suficiente, su vida se estaba acabando.

Sus ojos perdidos y opacos observaban la pequeña cascada, estaba recostada en un tronco podrido, abrazando sus propias piernas, evitando volver a llorar por mí,

“¡está muriendo por mi culpa!” nacia poco a poco mi sufrimiento.

Los sonidos agridulces de la cascada encantaron a mi madre, logro levantarse, en esa agua que caía podía ver una infanta bailar en un sencillo vestido blanco, sonrió al ver que la pequeña bailarina era ella de niña, cuando soñaba dar un gran espectáculo a la naturaleza con esos alegres pasos, perdida en esos recuerdos, ofreció la ultima danza más dulce a la gran madre, los colores de la naturaleza y los rayos del sol era el escenario perfecto para sus pasos mágicos, al terminar sus pies se rindieron, su cuerpo toco el lodo cerca del arroyo, ella lloraba suplicándole que yo fuera parte de ellos, pero nadie le respondió, mi madre falleció, sin saber que yo tenía que morir para ser parte de la madre naturaleza, era mi destino y ella solo sufrió inútilmente. Cada día estuve a su lado gritándole que estaba viva, que era un hada y que jugaba con la naturaleza, quería volver a verla feliz, mas no lograba verme, mi garganta estaba desgarrada en su último aliento, baile con ella para aprenderme cada paso que ella misma creo desde niña.

Me burlo de mí misma por la ironía de que la familia de mi madre apenas creía que estaba desaparecida hace ya varios meses, que debían de buscarla, aun no puedo creer cuanto tanto tiempo paso para darse cuenta que una parte de su generación estaba perdida “¡inútiles!”

Mis hermanas me acompañan a la cascada, para admirar la danza que mi madre le regalo a la naturaleza, todas nos divertimos bailando, pero eso no ayuda a que logre perdonarme, aun trato de buscar la manera de que regrese con vida y borrar ese rostro lleno de desesperación.

Fin.

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