ÚSALO, SÁCALE TODO EL JUGO

ÚSALO, SÁCALE TODO EL JUGO: UNA INTRODUCCIÓN A LA TEORÍA DE LA POSCIVILIZACIÓN

Por Margaret Killjoy
Traducción de Adrián Zamora

Texto original: Take What You Need And Compost The Rest: an introduction to post-civilized theory 

Bueno, eso de la civilización estuvo interesante, ¿no? Creo que valió la pena haberlo intentado. Nos dio tantas cosas: telescopios, sillas de ruedas, wikipedia. Sin embargo, con todo eso nos llevamos por nuestra propia cuenta a la naturaleza. Si bien es cierto que la ciencia, la agricultura y la especialización han hecho mucho por expandir con ideas la comunicación y la cultura, han hecho aún más por el genocidio, por el ecocidio.

Así que ha llegado el momento de dejar pasar aquel noble, tan fallido experimento de una vez y a otra cosa mariposa.

Primera premisa: Odiamos la civilización

La civilización es, desde sus fundamentos, insostenible. Tal vez no pueda ser salvada, y aún más, quién querría hacerlo. Cuando analizamos la civilización, lo que estamos analizando son todas las estructuras organizacionales y visiones de la cultura en el mundo moderno. Hablamos de los códigos legales y sociales que dictan el «buen» comportamiento. Hablamos de los deseos centralizados y expansivos del imperio político y económico.

La civilización destruye toda la vida en la tierra. Es insostenible: las economías y las sociedades basadas en el crecimiento siempre lo son. Cercana a irredimible: parece que existe una infinitesimal probabilidad de que la civilización deje su consumo exagerado de recursos y dé un giro de 180 grados a una forma de existir más sustentable. De todas formas sería una imposición a nuestra libertad.

Hay muchas definiciones para civilización, pero ninguna la hace sonar muy bien después de pensar un rato en ellas. Mi diccionario define civilización como «el estado de la organización y el desarrollo social humano que es considerado el más avanzado». Además de ser una definición inútil, resalta el prejuicio inherente de la civilización. Dice: «Nosotros somos superiores. Tú eres primitivo.» Lo que es más, la historia y el desarrollo son meramente lineales por naturaleza, el progreso siempre va hacia adelante y cualquier desviación en el curso que tenemos es considerada una regresión.

Otra buena definición de civilización puede ser sacada de Wikipedia, que la mayoría de los casos nos da algo así como un consenso cultural de lo que cierto término significa. Wikipedia describe civilización como «una sociedad definida como compleja, caracterizada por la práctica de la agricultura y los asentamientos en ciudades … Comparados con los de estructuras menos complejas, los miembros de una civilización están organizados en diversas divisiones de trabajo y en una intrincada jerarquía social». De nuevo esta definición señala las fallas en la civilización. ¿Una intrincada jerarquía social? ¿De qué manera llegamos todos a elegir un mundo que soporta tal mierda?

Derrick Jensen, un teórico de la anticivilización (no poscivilizado), propuso otra definición útil de civilización: «una cultura (que es un complejo de historias, instituciones y artefactos) que al mismo tiempo deriva y emerge del crecimiento de ciudades (civilización, ver civil: de civis, que significa ciudadano, del latín civitatis, que significa ciudad-estado).» Lo que por supuesto nos lleva a preguntarnos qué es exactamente una ciudad. Derrick define ciudad, para el propósito de su definición de civilización, como: «Personas que viven más o menos de forma permanente en un lugar en densidades suficientemente grandes como para necesitar la importación rutinaria de alimentos y otras necesidades de vivienda.»

Puede que ese sea el punto de todo esto. Si un lugar necesita recursos de otro lado, todo es perfecto mientras puedan intercambiarlos. Pero cuando los granjeros vecinos tienen una sequía y no pueden generar algo de sobra para intercambiar, entonces empiezan las guerras, qué buena.

Odiamos la civilización.

Segunda premisa: No somos primitivistas

No es posible, ni deseable, regresar a un estado precivilizado del ser. Muchas de las bases del pensamiento anticivilización (trabajo importante, vale decir) han sido construidas por primitivistas. Los primitivistas creen, en general, que la humanidad la pasaría mejor si regresara a una forma de vida precivilizada. Nosotros no compartimos esta visión.

Los primitivistas rechazan la tecnología. Nosotros sólo rechazamos el uso inapropiado de la tecnología. Bueno, para ser franca, eso es casi todos los usos de la tecnología que vemos en el mundo civilizado. Pero el problema que tenemos con la mayoría de las teorías primitivistas es algo como los bebés y la ducha. Es cierto que casi toda la tecnología es usada para usos algo malévolos; si no es para la guerra es simple ecocidio, pero eso no hace a la tecnología («La aplicación del conocimiento científico para usos prácticos.») inherentemente malvada. Sólo significa que necesitamos volver a imaginar por completo cómo interactuamos con las máquinas, con herramientas, con la misma ciencia. Debemos determinar si algo es útil y sustentable, en lugar de juzgar a las cosas nada más por su valor económico o militar.

Los primitivistas rechazan la agricultura. Nosotros sólo rechazamos el monocultivo, que es aborrecible y centralizante, destruye la autonomía regional, impone la mundialización en el planeta y lleva a horribles prácticas como la agricultura de tala y de quema. También rechazamos otras ideas estúpidas de cómo alimentar a la humanidad, como dejar libres a seis millones de personas en los bosques para cazar y recolectar. En general, las personas poscivilizadas adoptan el permacultivo: sistemas de cultivo diseñados desde un inicio para ser sustentables en cualquier zona en la que sean usados.

Los primitivistas han hecho un buen trabajo al explorar los problemas de la civilización y por esto les aplaudimos. Sin embargo, su crítica en general no tiene matices.

Lo que es más, la estructura en sociedad que visualizan, el tribalismo (notad que lo que nuestra sociedad ve como tribalismo tiene en gran parte bases en la antropología eurocéntrica fallida), puede ser muy conservadora en lo social: Lo que muchas tribus carecían de leyes escritas lo compensaban con «costumbres» estrictas y una generación nace en la forma de vida casi exacta a sus predecesores.

No podemos, en masa, regresar a una forma de vida precivilizada y honestamente la mayoría de nosotros no lo quiere. Rechazamos el rechazo global de todo lo que ha llegado con la civilización. Necesitamos ver hacia adelante, no hacia atrás.

No somos primitivistas.

Tercera premisa: Somos poscivilizados

Por lo tanto queremos imaginar y establecer una cultura poscivilizada. Es algo que podemos hacer aquí y ahora en esta paliza final a la civilización.

Hay tantas dicotomías falsas en el mundo. El músico amateur y el músico profesional tienen tanto que ofrecer por sí mismos; los poscivilizados en términos generales fomentamos tanto capacidades especializadas como generales. Alguien tiene que ser bueno en pulido de lentes (y en optometría), pero no significa que no sea capaz de cocinar una comida decente o ayudar a limpiar el pasto de un vecino.

Una de las fallas más grandes de la civilización es su esfuerzo por homogeneizar una cultura mundial al difundir un conjunto de ideas de cómo todo (desde el gobierno a la arquitectura, pasando a la agricultura y la música) debe hacerse «de forma correcta». Pero si construyes casas con techo plano en climas fríos, la nieve se acumula y el techo colapsa. Si cortas árboles en una ladera como lo haces en el valle el suelo se erosiona.

Adoptar la poscivilización (con o sin colapso industrial) es un tema de mirar a nuestro alrededor, a nuestra comunidad y nuestra gestión territorial, determinar qué es lo adecuado. Lo que esto significa es que, en el aquí y el ahora, hay partes de la cultura civilizada que podemos utilizar para nuestro beneficio, algo que no pasaría dos generaciones después del colapso. Para aquéllos en el primer mundo, nuestro recurso más abundante es la basura.

Comida buena puede ser rescatada como alimento. A la comida podrida la podemos hacer abono y usarla para construir sembradíos caseros arriba de suelo de ciudad que de otra forma sería tóxico. El papel en blanco en uno o dos lados puede ser transformado en libretas, El otro papel se puede hacer pulpa en una mezcladora, estirarse en redes y aplastarlo con una presa hidráulica. Los animales atropellados pueden ser despellejados y cortados. Los juguetes eléctricos pueden ser recuperados para usar sus circuitos y motores con otro objetivo. El aceite vegetal usado puede ser rescatado de trampas de grasa y ser utilizado para impulsar nuestros coches o incluso nuestros generadores.

Y los que critican dirán que esto no puede funcionar por siempre, y nos mirarán confundidos mientras les decimos que tienen la razón. Porque nos adaptaremos al cambiar el territorio, porque lo que funciona en un momento o lugar puede no funcionar en otro lado u otro tiempo.

La civilización cree que la cultura experimenta un declive natural de lo civilizado a lo salvaje, de lo urbano a lo rural, nosotros no.

Somos poscivilizados.

Si de nosotros dependiera

¿Cómo luce una ciudad cuando ya no es una ciudad? El concepto de la ciudad como una entidad en sí misma con fronteras específicas, un gobierno centralizado y la importación habitual de artículos necesarios debe ser tirado a la basura. Pero no todos nos vamos a dispersar a las provincias aledañas, oh no.

La ciudad poscivilizada (¿nociudad?, ¿zona urbana?, la terminología es difícil) puede lucir como una ciudad si ignoras su gobierno. La sociedad consistiría en grupos más pequeños que retendrían sus identidades individuales pero que son capaces de trabajar juntos para el bien común.

Nosotros la gente poscivilizada buscamos probar que la descentralización de nuestra cultura, nuestra economía y política es tanto posible como deseable. Cada grupo pequeño (algunos se pueden llamar tribus, pero yo le rehuyo) tomaría sus propias decisiones, mantendría su autonomía y resolvería sus problemas de la manera que acuerden sus constituyentes. Algunos pueden aprovechar la alta tecnología para resolver sus necesidades y deseos. Otros pueden elegir algo simple. Pero las fronteras entre los grupos casi siempre serán borrosas, con individuos, grupos y familias en movimiento entre esferas sociales. En verdad sería muy parecido a la sociedad de hoy, si eliminas la jerarquía entre grupos y evitas activamente la influencia centralizadora de la cultura civilizada.

¿Pelearán estos grupos? Es probable. Ningún sistema es perfecto y es mejor admitirlo de frente que fingir que es de otra forma. No estamos pintando una utopía, pero ha habido movimientos en el pasado que han desarrollado estructuras políticas que permiten a grupos con diversos intereses interactuar en paz. Uno de esos movimientos del cual nos vemos influidos es el sindicalismo.

El sindicalismo es un sistema económico completamente fuera de la dicotomía capitalista y del socialismo de estado. Sugiere que una federación de organizaciones sindicales colectivizadas puede promover ayuda mutua entre sus miembros. Un poco de historia de la función exitosa de sindicalismo en una nación desarrollada se encuentra en la Guerra Civil Española.

Así, la ayuda mutua es lo opuesto a la competencia. Wikipedia la describe como «el concepto económico de intercambio recíproco voluntario de recursos y servicios para el mutuo beneficio». Uno de los primeros anarquistas (y biólogos evolutivos) fue Peter Kropotkin, quien avocaba contra la sugerencia de Darwin de que la naturaleza era una simple guerra del uno contra el todo. En su lugar, debatía que la cooperación entre especies es por lo menos tanta fuerza evolutiva como lo es la competencia. Más aún, la ciencia moderna se lo ha replanteado y ha llegado a creerle.

No somos exactamente sindicalistas, empero. El sindicalismo es una bella idea, pero no hablamos de organizaciones sindicales ni hablamos de industrialización. No debemos aferrarnos a las ideas del anarquismo histórico como no debemos aferrarnos a la segunda ola del feminismo o ya que estamos en eso a la civilización. No, hablamos de grupos dinámicos de personas que se juntan de forma orgánica para tomar algunas decisiones que impactarían en la nociudad en su conjunto.

Hablamos de steampunks por un lado perfeccionando destiladoras solares con lentes de Fresnel, mientras que otro grupo de entusiastas pasan su tiempo andando en bicicleta, haciendo de cartetos para otros grupos y fabricando bicicletas hechas de tuberías que encuentran. Una pandilla seminómada de adolescentes entra en regiones agrestes de suburbios abandonados y guardan rebaños, a la vez que una hermitaña pasa su tiempo cultivando papas en llantas apiladas y graba canciones de piano en cilindros de cera.

Alguien va a conectar su Super Nintendo a un conjunto de páneles solares y personas de todo tipo van a llegar a jugar Street Fighter, o sólo a mirar. Todos vamos a cultivar casi toda nuestra comida, todos nos encargaremos de nuestra propia basura, lavaremos nuestros propios trastes.

El colapso

Por supuesto, si fuera por nosotros dejaríamos la civilización tan pacíficamente como fuera posible, de forma no destructiva. Nos organizaríamos de abajo hacia arriba. Presentaríamos soluciones tan razonables que aquéllos en el poder con ética se nos unirían y aquéllos sin ética verían que su economía podría disiparse, cuando más gente se niegue a participar en el intercambio civilizado.

Seamos honestos, no es probable. Nuestra sociedad va en picada hacia la historia. Es posible que la única cuestión sea qué colapsará primero: la civilización industrial o la capacidad de la tierra de soportar vida humana. Si ése es el caso, mejor esperemos (o provoquemos) lo primero.

El colapso de la civilización industrial, si llega, será horrible. Ninguno de nosotros, ni siquiera quienes en secreto o abiertamente han deseado unapocalipsis, lo disfrutará. Pero al contrario de en las mentiras hollywoodenses, lo mejor de las personas sale en las crisis. Nada une más a un vecindario que un apagón; nada reúne a más personas que compartir la escasez de alimentos. (¿Qué? ¿Pensabas que acapararíamos la comida y nos esconderíamos con escopetas, morir o matar, hogares incendiados con el fuego de vecinos? Los humanos no hacemos eso siempre. ¿Qué crees que somos, civilizados?)

Sin embargo, si nuestra economía no cae y no desciframos la fusión fría (así como el reabastecimiento masivo de los océanos del mundo), nos enfrentaremos a algo mucho, mucho peor. El colapso ecológico destruirá el mundo como lo conocemos. Si alguno está vivo para cuando el polvo nos deje ver, nada será lo mismo.

Necesitamos dejar la civilización tan pronto como sea posible, o la civilización nos destruirá a todos.

Mientras tanto

Queremos ya no ser civilizados. Es hora de continuar. Queremos rechazar locas jerarquías y economías delirantes, colonialismo, estados nación. Y justo parece que no tenemos una opción para escapar. La civilización nunca, ni una sola vez en su historia, ha permitido lugar para que aquéllos que no son civilizados prosperen. A tal grado que parecería una característica que define a la civilización: la civilización tiene tanto miedo de estar mal que simplemente no puede soportar que otros vivan de manera diferente.

E incluso si pudiéramos salir, eso no detendría que la civilización destruya la tierra.

Pero seamos optimistas de nuevo por un momento. La tierra morirá o la no morirá. La civilización caerá o no caerá. ¿Qué vamos a hacer aquí y ahora en nuestras vidas?

No quiero meterme en lo que podemos empezar a hacer en esta épica batalla para salvar a la tierra, destruir la civilización, evitar o impulsar el colapso de esto o aquello. Son el tipo de decisiones éticas que debe tomar uno mismo.

Pero promuevo encontrar o desarrollar un estilo de vida poscivilizado. Es fácil, en cierta forma. Cierra los ojos e imagina quién serías sin limitaciones sociales. Qué harías si sólo dependieras de ti misma, de tus amigos y de los recursos que puedas encontrar a tu alrededor. ¿Qué ropa usarías? ¿Qué comerías? Quizás las preguntas más importantes son más sutiles: ¿Cómo tratarías a tus amigos? ¿Cómo te gustaría que te trataran?

En el aquí y el ahora, aprendemos habilidades de supervivencia: Desollar y curtir y pelar cables, tiro con arco y fabricación de pólvora. Herbología y acupuntura, sí, pero también estudiamos la aplicación (y preparación) de antibióticos, métodos de cirugía y odontología. Permacultivamos, revirginizamos, carroñeamos en zonas urbanas, rurales y suburbanas por igual, aprendiendo lo que significa ser sustentable en un mundo que muere. Quitamos nuestros patios para dejar sólo jardines. Y claro, un día vamos a deshacernos del pavimento y dejar pasajes para bicicletas.

Practicamos con respuestas de la comunidad a problemas dentro de nuestra subcultura, como el trato a la agresión física o sexual sin involucrar a policía. Aprendemos del trauma (de la forma difícil, casi siempre) y cómo superarlo. Criamos patos y gallinas. Comemos dientes de león y totoras.

Vivimos, tanto como podemos, como si la civilización fuera una plaga ya dentro de todos nosotros. Y esto, más que nada escrito, es nuestra propaganda. Porque sí, puedes vivir de esta manera. Y sí, es mejor. Una comida significa mucho más cuando la cultivas o la cosechas por ti misma. Cuando miramos el mundo a nuestro alrededor, tomamos lo que necesitamos y le sacamos todo el jugo.

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