La escuela de escritores

Por Barrón Conejo Elías.

La razón por la que hoy en día, creo yo, exista esa problemática que podría definir “”decadencia en la forma escritural”” en jóvenes —y no tan jóvenes— escritores, sea porque, para empezar, ninguna influyente comunidad letrada tanto de académicos como de creadores se haya comprometido realmente a construir una escuela o carrera profesional especializada en formar escritores — y si la hay, les apuesto que han de cobrar una mensualidad a la medida del bolsillo de clases sociales favorecidas, o por lo menos la no tan desfavorecidas—. El único sistema que conozco — y que creo el único — para brindar oportunidad a los aspirantes a la creación literaria es el sistema de talleres literarios, los cuales, a mi parecer, son bastante ineficientes y prueba de ello es el resultado editorial de sus egresados. Los talleres literarios son demasiado informales y la informalidad muy pocas veces lleva a resultados eficientes; también está el hecho de que no tienen un método específico para corrección de estilo y los comentarios críticos, tanto del tallerista como de los participantes, suelen ser demasiado subjetivos, pues siempre se ha de imponer en el otro lo que para el subjetivo individual de uno debe ser estar escrito su texto, según normas de redacción y de estilo bastante normativas y anquilosadas. Otro defecto de estos talleres es la ideologización sobre el tratamiento de estilo y contenido en las obras, esto a consecuencia de quien los organiza, pues siempre son llevados a cabo, ya sea con el presupuesto de un grupo prestigioso de creadores de una determinada comunidad o con el de una institución político-cultural, y en ambos casos quiere imponer su visión acerca de cómo debe ser el ““la Literatura””, de ahí que tengamos regados por todo el país a pequeños grupos de jóvenes escritores, cada uno con sus respectivas opiniones bastante dogmáticas según su formación y según sus intereses.

     El mecenazgo, por ejemplo, es algo que no ha desaparecido, sino que ha evolucionado. Prueba de ellos son los numerosos casos de premios nacionales y becas a jóvenes creadores otorgadas gracias a mafiáticas relaciones o intereses políticos; consecuencia de ello: tenemos una variedad de personalidades escriturales reconocidas en su mayoría por sus premios más que por sus aportes al mundo de las letras.

      Ahora bien, a solución de toda esta problemática, propongo abrir un área profesional en donde se eduque académicamente a los aspirantes a escritores, con un plan de desarrollo que contenga visión, misión, valores, objetivos y con una curricula en la que sean aplicados específicos métodos de enseñanza y evaluación del alumno. De esta manera tendremos egresados con una formación teórica, lingüística, práctica y crítica, algo parecido a las carreras de Letras, pero enfocado a la creación y no a los estudios literarios. Así, y sólo así, irá desapareciendo el reconocimiento a los charlatanes que no saben escribir pero sí hablar, ya que, los egresados de este tipo de sistema pedagógico tendrán los conocimientos, de tal manera que hasta el poeta más prosaico sabrá sostener la métrica alejandrina si se lo piden, y el poeta más clásico de igual forma sabrá defenderse en el verso libre. Y tendremos buenos candidatos para mandar a competir internacionalmente.

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