Pensamiento de un cosmo-nauta en la nada

Por Elton Página

No, siento que desfallezco de un momento a otro. Se me acaba el oxígeno, pero no puedo desfallecer, ¡no ahora!, Me queda poco tiempo, nada más me queda luchar, como lo he hecho durante toda mi vida.

Todos me decían lo afortunado que era al formar parte de tan importante misión, de que sería un bastión para el impulso del partido, que mi nombre estaría escrito en los anales históricos, que mi estatua de mármol se encontraría en los mismos pasillos de la Politécnica, que le traería reconocimiento a mi humilde pueblo, que mi Raisa me amaría con locura sintiéndose una mujer importante, y que mi hijo Boris me podría considerar un héroe. No puedo llorar, siento que tal esfuerzo me haría sufrir aún más, no puedo secretar fluidos corporales, mi pulso está cada vez más bajo, no paro de temblar.

Raisa, mi amada Raisa, la noche que fuiste mía en los establos de tu padre y de lo cerca que morí de ser cortado por su hoz, me alegra mucho pensar en ti hasta el mismo final. Yegor amigo entiendo en parte lo que tuviste que pasar, perdona que no hiciera nada por enaltecer tu nombre o al menos ayudar a que la verdad saliera a flote, no merecías morir amigo, malditas sabandijas las del partido! Yegor fue un valiente hasta el final, ni uno de ustedes hubiera tolerado un calor radiante que mataría a un ser humano en minutos a un millón de grados centígrados como lo hizo Yegor. Su boca fue sellada por siempre. ¡Ay amigo! ¿por qué tenías que morir? Te tuve en alta estima y mírame, ni muero con el mismo impacto. Ya he gastado alrededor de dos horas de oxígeno y solo me queda una.

La tierra en la distancia ya la perdí de vista. Un punto blanco en la distancia, ¿acaso no es bella? No lo sé. Estaba enmudecido y aterrado, el transbordador empezó a fallar nada más al despegar, supliqué, imploré, y pregunté, ¿Qué fue lo que obtuve en respuesta? Nada… absolutamente nada. Estoy solo, y moriré en olvido al igual que Yegor, nadie pensara o se acordara de mí en unos años, mi hijo Boris apenas cumplió el año, Raisa es sordomuda y analfabeta, y ni hablar de sus padres, me odian a muerte a pesar de la enorme importancia que adquirió mi persona al formar parte del proyecto del partido en su carrera espacial. El hijo de unos criadores de cabras, cuanto merito, me esforcé y luché lo máximo que pude, para llegar hasta los confines más altos que pudieran existir, sentir el éxtasis glorioso de alcanzar la gloria de estar en el mismo terreno de la divinidad. Lo que más me decepciona ahora que estoy en su terreno es la incertidumbre y el vacío que pueda existir, nada de lo que he hecho subsistirá tras mi partida, ni siquiera mi hijo. Afuera del transbordador me espera el silencio y el abismo infinito que se cierne sobre mí y que el mismo transbordador me protege. Aquí no cesan de sonar una serie de pitidos y estática muerta. Esos sonidos me aturden y me ayudan a mantenerme despierto y sin ayudan (si puedo considerarlo así) a mantener mi cordura. No sé hasta dónde llegaré…imploraba por una explosión inmediata a que acabara de una vez mi sufrimiento, pero por desgracia no la tengo fácil. No tengo fuerzas para siquiera levantarme.

El tiempo lejos de ir rápido o lento está siendo moldeado inexorablemente de una manera que ni yo mismo puedo comprender, siento que no han pasado minutos si no años.

¡Quiero morir ya! Grito para mis adentros, Sabiendo que eso no se cumplirá, las mediciones a lo que alcanzo a ver están en un punto de no retorno, mi muerte es seguro, ¿cuánto tiempo más va a tomar? Pienso en que hubiera sido de mi al volver, quizás hubiera continuado en otro viaje al espacio posteriormente tal como lo hizo mi compatriota Yuri, o hubiera dado clases en la politécnica o hubiera vuelto al campo tal como hubiera querido mi Raisa. Me pierdo en estos pensamientos que me dejan intranquilo y me hacen estar en un estado más bien funesto. Los ojos rosados de Raisa, tan expresivos y llenos de vida, y sus labios tan azules como pálidos, dos delgadas líneas oblicuas que beso siempre con locura. Raisa mi vida, tus ojos me lo dicen todo, cuanto te adoro, me arrepiento de no ser fuerte en transigir aunque sea en esta ocasión, responsabilidad esto, responsabilidad lo otro, siempre fui débil, pensaste en mi como alguien fuerte Raisa, pero en realidad engañé a todo el mundo que hasta llegué a engañarme a mí mismo, yo nada más fui un cobarde susceptible a las impresiones de otros. Ahora que estoy solo en la inmensidad del espacio lo entiendo bien, jamás había estado tan claro en lo que había hecho hasta ahora.

No merezco el cielo o el infierno, ni me importa un punto intermedio que mi ser permanezca anclado por siempre en la nada a la que perteneció desde su nacimiento. Es mi castigo y mi deseo, no merezco nada más, no lo lamento, ya no siento absolutamente nada, el aire, no siento más.

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