Incursión en Létrasien 12

por  Mario López Araiza Valencia

Año estelar 2398.45

La tripulación de la nave espacial Nébula se encuentra a 40 años luz del sistema Létrasien 12. Mi nombre es Filius Alfornost y desempeño el cargo de capitán de la tripulación. Nos encontramos en una misión diplomática representando a la Unión Galáctica, con el objetivo de negociar un tratado de comercio con los mandatarios. El sistema se encuentra poblado por la especie del mismo nombre, que comúnmente se llaman “letrasios” entre ellos.  Los letrasios son seres humanoides cuya piel presenta una coloración violácea, ojos negros y orejas prominentes. Amables por cultura, viajeros de tradición, son el vínculo entre un punto muy alejado del universo y las últimas rutas establecidas por la Unión para las transacciones comerciales. Hasta este momento, solo han estado en contacto con la Unión a distancia, seremos los primeros embajadores en acudir físicamente.

  • Nos acercamos al sistema Létrasien 12, capitán – anunció Ciara Lenni, Oficial de Navegación.

Asentí, satisfecho. Sería un viaje tranquilo presentando nuestros respetos a los enviados diplomáticos de las autoridades letrasias. Después de la junta con los representantes del gobierno, nos retiraríamos a la base espacial más cercana.

  • Saliendo del hiperespacio en el sistema Létrasien – dijo la Oficial de Navegación.

El recorrido a alta velocidad se detuvo, dejando a las estrellas estáticas alrededor de la nave. Nos encontramos con un planeta enorme de dos veces el tamaño de la Tierra, de un color verde oscuro cubriendo toda su superficie. Como si hubiese leído mis pensamientos, el Oficial de Ciencia, Hullien Yurisa, empezó a describir las características de la atmósfera planetaria que teníamos enfrente.

  • El planeta Létrasien 12 tiene una atmósfera con oxígeno respirable similar a la que encontramos en la Tierra. El ecosistema presente es de un solo tipo para la superficie terrestre, la cual ocupa el 60% del territorio planetario en un solo continente: un bosque de especies de coníferas donde se encuentran las principales poblaciones. El océano cubre el 40% del planeta y es de agua dulce. Se encuentra en la porción que se mantiene oculta en el hemisferio oriental. Por otro lado, no existen registros de agua salada en el sistema. Las principales actividades productivas a las que se dedica la población son a la pesca y a la agricultura acuática, ya que su organización política llevó a cabo la creación de leyes que impidieran la afectación de los bosques continentales para sustituir la vocación del suelo para fines agrícolas. Los centros de población se encuentran habilitados en plataformas compatibles con el desarrollo y sobrevivencia de los árboles y cualquier construcción que se realice debe de cumplir los estándares de la legislación garantizando la no afectación de los organismos vegetales. Su organización política es presidida por un ministro principal y dos auxiliares, elegidos mediante el ejercicio democrático cada cuatro años. Un consejo de la población conformado por veinte representantes consulta los asuntos públicos con los ministros para la resolución de los mismos. La población total en el planeta es de cuarenta millones de habitantes.
  • Son pocos habitantes para un planeta tan grande – observé.
  • Señor, recibimos coordenadas del punto de encuentro desde el planeta – informó la oficial Marina Nápoli, encargada de las comunicaciones de la Nébula.

 

  • Preparen transporte – indiqué.
  • Transporte en línea, señor – contestó Hullien, manipulando el teclado de comandos del transportador.
  • Comiencen cuenta regresiva.
  • Transporte en tres, dos, uno…

Sentí desvanecerme desde el puente de mando, desapareciendo mi tripulación y la nave. De un momento a otro, aparecí en un pasillo extenso de color vino, el cual estaba flanqueado por dos estatuas de formas humanoides de color bronce, que sostenían un árbol en su mano derecha, mirando al horizonte. Dos seres se me acercaron vestidos elegantemente con una túnica azul turquesa.

  • Somos los Ministros Auxiliares de Létrasien 12, bienvenido, capitán Alfornost – anunció uno de ellos en español fluido.
  • Gracias por el recibimiento, señores ministros – saludé cordialmente – ¿Nos encontramos en la oficina del Ministro Principal?
  • En efecto, él lo está esperando.

Fui conducido por los ministros por una puerta junto a las estatuas donde me encontré con una oficina espaciosa de color similar al pasillo. En un escritorio frente a un panel de vidrio con vista al océano se encontraba el Ministro Principal, quien se levantó para ir a mi encuentro.

  • Bienvenido, capitán Alfornost – saludó el ministro, haciendo una reverencia.

El Ministro Principal volvió a su lugar detrás del escritorio. Del suelo emergió una silla para mí frente a él y dos más para los Ministros Auxiliares. Ocupamos nuestros asientos y el Ministro comenzó con la reunión.

  • La Unión Galáctica ha intentado ponerse en contacto con nosotros antes varias veces. Es un honor tenerlos aquí para una primera entrevista.
  • Para la Unión es muy importante establecer una alianza con ustedes para lograr extender las rutas comerciales en la galaxia y así fortalecer la economía de productores de distintos sistemas – dije, mirándolo fijamente a los ojos – por ello estamos aquí.
  • El pueblo de Letrásien vive muy bien como está ahora – comentó uno de los Ministros Auxiliares – ¿en qué nos beneficiaría una alianza con la Unión Galáctica?
  • Podríamos instalar un puerto estelar tanto en la superficie planetaria como en la exósfera – dije revelando el punto clave de la reunión.
  • Imposible en la superficie – objetó el segundo Ministro Auxiliar – nuestras leyes son estrictas, cualquier afectación al ecosistema boscoso causaría un desequilibrio en nuestro planeta. Hemos construido nuestra civilización en armonía con el entorno y no podemos permitir que una cultura de otra galaxia venga a destruirlo.
  • Pretendemos que el puerto sea construido con la política de sus leyes de armonía con el entorno del bosque – expliqué, dirigiéndome al Ministro renuente – es una oportunidad para que todas las civilizaciones se expandan más allá de lo que hasta ahora han ido. Es una gran propuesta.
  • Podría interesarnos colaborar – sonrió el Ministro Principal – somos afectos a la armonía tanto en Létrasien como al exterior. Todos formamos parte de este universo. Me gustaría saber qué beneficios traería para nosotros un puerto de la Unión Galáctica en nuestro sistema, capitán.
  • Al favorecer conexiones para el intercambio comercial con galaxias cercanas, podría crearse infraestructura de servicios, como pueden ser hospedaje, comedores, oferta de combustibles, refacciones para naves espaciales…

Fui interrumpido por el segundo Ministro Auxiliar, debido a que los comentarios que realicé le parecieron aún más inapropiados.

  • Traería demasiados organismos externos que modificarían nuestra dinámica natural. Somos un planeta grande con cuarenta millones de habitantes, nuestros sabios han hecho cálculos y tenemos que evitar la atracción de externos para conservar nuestra tranquilidad.
  • En ese caso – dije para tratar de evitar un conflicto mayor – podemos negociar la instalación del puerto en la exósfera.
  • Es posible – dijo el primer Ministro Auxiliar – ¿Usted qué opina, señor Ministro Principal? – agregó al ver que éste se había quedado pensando en nuestra discusión.

Después de unos momentos, rompió su silencio.

  • Le contaré una historia, capitán – se levantó y miró por el ventanal, hacia el mar – hace mucho tiempo, alrededor de cuatro generaciones atrás, nuestra sociedad carecía de la organización que tenemos ahora. Las leyes eran diferentes y por lo tanto, las prácticas productivas tenían poca o nula regulación. Descubrimos el poder adquisitivo sobre los bienes de nuestro mundo y empezamos a consumirlos sin medida. Todo el bosque que usted vio desde su nave, quedó reducido a menos de un quinto de lo que era en su totalidad. Madera, savia, follaje, todo lo utilizamos y comerciamos con los sistemas cercanos, haciéndonos prósperos. Un día, un talador salió a buscar su encargo semanal, cuando el suelo sobre el que caminaba se agrietó y desapareció en la oscuridad de un abismo. A partir de entonces, se registraron eventos similares, en los que ciudades enteras se desmoronaban por una inestabilidad extraña de los suelos. Los sabios se dedicaron a encontrar explicaciones para estos fenómenos, descubriendo que la falta de organismos vegetales generaba un efecto tan agresivo sobre el suelo, que producía colapsos en toda su superficie. Muchos letrasios murieron, pues el daño era catastrófico. Fue entonces cuando resolvimos modificar de raíz nuestra cultura. Creamos una nueva organización política, con leyes que garantizaran la protección de nuestro planeta y el desarrollo óptimo de la sociedad, para evitar un desastre como el que vivieron nuestros antepasados. Repoblamos la superficie con árboles que crecieran fuertes, frondosos y sanos, planteando una forma de aprovechamiento de recursos cíclica, nos dirigimos al océano y creamos una manera de alimentarnos que guardara el equilibrio sin afectar a otros seres habitantes de nuestro hogar. Construimos sobre las ramas de los árboles, aprovechamos su sombra y nuestra tecnología se adaptó para respetarlos al máximo. Ahora todo es distinto, bajo control. Resolvimos instaurar una política al exterior rígida, pues el futuro de nuestro planeta se vería comprometido si los efectos causados por otros influían en su territorio.

El Ministro Principal se volvió hacia mí. Su semblante había cambiado, percibía tristeza y molestia en su interior.

  • Lo siento, capitán, aun cuando su puerto estelar se ubique en la exósfera de nuestro planeta, no podemos permitir que agentes externos pongan en peligro el equilibrio del entorno – concluyó.
  • Ministro, con todo respeto, la Unión Galáctica enviará expertos que podrán analizar la situación y evitarán que cualquier efecto negativo ocurra sobre su atmósfera… – repliqué, levantándome de mi asiento.
  • Es mi última palabra.
  • Aprendimos de nuestros errores – mencionó el primer Ministro Auxiliar, secamente.
  • Tal vez ustedes deberían hacer lo mismo – completó el segundo Ministro.
  • Hemos sabido de los problemas que enfrentan en la Tierra, iguales a los nuestros del pasado: acabaron con sus bosques, terminaron con el agua, extinguieron a miles de organismos… Pero a su especie les importa tan poco…

Los ministros tenían una actitud agresiva hacia mí, por lo que me dirigí hacia mi intercomunicador para contactar a la tripulación de la Nébula.

  • Oficial Marina, solicito transporte urgente hacia la Nébula, situación hostil…

Pero no pude terminar mi requisición, pues mi intercomunicador salió volando por los aires. Uno de los Ministros Auxiliares me lo arrebató para después lanzarlo hacia el otro lado de la habitación.

  • Capitán Alfornost, la expansión de la Unión Galáctica puede ser tóxica para algunos sistemas – dijo el Ministro Principal con malicia – Así como han venido a transmitirnos su mensaje de depredación, nosotros les enviaremos uno de vuelta.

Antes de que pudiera correr, las puertas de la sala se abrieron y entraron dos corpulentos letrasios con armadura y cascos de lo que parecía ser madera, portando lanzas brillantes que me sometieron al instante.

  • La madera de nuestros árboles se volvió más dura que el fuselaje de sus absurdas naves – describió el segundo Ministro Auxiliar – y estamos listos para cualquier confrontación.
  • Están en un error – dije tratando de zafarme de mis captores – se meterán en un problema con la Unión Galáctica secuestrándome…
  • ¿Y quién dijo que lo secuestraremos? – inquirió el primer Ministro Auxiliar.

Estaba un verdadero aprieto. Lo que parecía un intercambio de ideas se había convertido deliberadamente en una amenaza de conflicto mayor. Si terminaban con mi vida, la Unión Galáctica le declararía la guerra a los letrasios y sería el fin de su civilización.

  • No hagan esto, por favor – supliqué, desesperado.
  • ¡Haremos lo necesario para preservar nuestro planeta! – exclamó un segundo Ministro Auxiliar furioso.
  • Proceda – ordenó fríamente el Ministro Principal a uno de los guardias.

Me arrojaron al suelo, sintiendo cómo me tomaban del cabello y levantando el cuello, me acercaban un reluciente cuchillo. Sería el final de mi carrera… Hasta que escuché el estruendo. Disparos láser inundaron la sala. Todo se cubrió de una bruma que impedía mi visión. Los guardias cayeron abatidos por los disparos, lo que me permitió incorporarme. En medio del caos, alguien se aferró a mi brazo.

  • Hora de irnos – me dijeron al oído.

La sala desapareció en medio del desorden y me encontré en el suelo del puente de mando de la nave Nébula. Marina y Hullien ayudaron a ponerme en pie con dificultad.

  • Estuvimos a punto de fallar – dijo Hullien, soltando uno de los disparadores, respirando agitado.
  • ¿Qué pasó? – pregunté, confundido – ¿Cómo me sacaron de ahí?
  • Los letrasios instalaron un bloqueo de su sistema electrónico, sacarlo de ahí por el transportador era imposible – explicó mi Oficial de Ciencia.
  • Tuvimos que ingresar a su sistema y descomponerlo para poder entrar al Centro de Gobernación – lo secundó Marina.
  • El problema era que el transportador seguía sin poder entrar a la oficina del Ministro Principal – continuó Hullien, poniéndose nervioso.
  • Por eso decidimos transportarnos al recibidor y abrirnos camino al despacho del ministro.
  • ¿Con armas? – pregunté escandalizado.
  • Iban a matarlo, capitán – dijo Ciara, desde su lugar – nos dirigimos a la base 034 de la Unión Galáctica para explicarles la situación, logramos obtener una grabación desde su traje de todo lo sucedido.

Me coloqué en mi sitio, aún en estado de confusión.

  • ¿Mataron a los guardias?
  • Sí – contestó Marina, temblando.
  • ¿Qué hay de los ministros?

Nadie contestó. En medio de aquella bruma por los disparos y la violencia, perdí toda noción de lo que estaba pasando.

  • No… No lo sé… – murmuró la Oficial de Comunicaciones, entre sollozos.

Sabía lo que el nerviosismo de mi tripulación significaba. Sus sollozos, la repentina tensión. Habían atacado una red planetaria oficial, a dos guardias y a los representantes máximos del gobierno. Aquello significaba un crimen capital. Una declaración de guerra.

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