El rey de todo

Por León de Santurtzi

Otros contaron las historias en lo alto

de las ruinas y las genealogías. A los pies

de los antiguos relámpagos, una voz

que se yergue como húmedo lamento de bestia

dice mi secreto nombre desde entonces.

ALEX RAMÍREZ. OROS SIEMPRE LEJANOS.

Si me es grato el acto de presentarme por tan onírica fama, entonces sin el más leve remordimiento lo haré de la manera más correspondida posible, a pesar obviamente de los epónimos que siguen discutiendo los eruditos menos pedantes y a rasgos hechos, fueron escarbando en la memoria del alma para comprenderme. El titulo superlativo que describe mi casuística ontología, no es más que algo temporal en los eones del porvenir. “¿Quién soy?”, es la pregunta soterrada y latente que los antiguos sumerios a fuer de sus recónditas (por no decir complejas) divagaciones han edificado en las estructuras del lenguaje; creando límites inconscientemente, donde mi gran poder se reserva a la penosa imaginación. Soy una torre de cartas en medio de una tormenta; mis estaciones cambian con el tiempo; soy pues, el éxodo de la locura a la razón. Los ciegos en su tentación cutre e ignota pueden verme, aunque pierden el aliento y algunos hasta la vida. Los sordos, los sordos lamentable es que no pueden escuchar ni el latir de su corazón, pero pueden sentirlo con desesperación, como yo siento de una manera exasperada en el insomnio de la eternidad, la sinfonía del universo que va más allá de los pilares de la creación. Es poco, más bien, menos que nada aún para definirme, prosigamos…

Los caminos que han sido labrados en la historia de la humanidad, todos ellos llegan hasta mí. Cada piedra de cada pilar y altar me pertenece, y aseguro con tenacidad que fueron puestos en mi nombre. Todas las religiones me alaban, y cada sacrificio donde la sangre se derrama no es más que un atisbo de mi presencia. En cada guerra no importan los bandos, yo siempre salgo invicto. Tener miedo frente a mis luengos desdenes no basta para hacer más asequible mi esencia. Estoy oculto detrás de cada puerta, y soy quien observa mientras ignoras el espejo. Soy el rey del reflejo y de todos los días; del oscuro adviento que se espera con anhelo mientras el infinito es tan lejano como mis pasos. Yo tejo la memoria del mundo mientras se alzan nuevos imperios para rendirme tributo. Rigo los siete mares y los cuatro vendavales. Estoy en las comunas y cuórums de todos los gobiernos; en las ideologías que nublan la mente y envician a los dementes. La fe y el dinero me sostienen; soy el amo ajeno de las desgracias inmortales. ¿No cuantos jóvenes han perdido la cabeza, escapando de casa por las buhardillas sin retorno con tal de apreciarme; expuestos al abandono y a la cerrazón de sus progenitores? Yo soy el padre que provee a esos desdichados con su vida pagana de excesos y libertinaje, las mejores sustancias para que olviden su miserable vida. Temedme que yo no sirgo esos destinos.

Yo remiendo los sueños descocidos para que se creen fantasías y la realidad sea una ficción más. Mi voz oculta en cada lengua, en cada fonema son latidos de una vida despierta hace mil existencias, que yerra universos trascendentes para otras formas y dimensiones. ¿Cómo se puede hablar de libertad sin mencionarme? Yo soy la cárcel de las pasiones humanas. Soy la carne y el éxtasis.

Si miras el cielo cada estrella tiene mi firma; cada silencio es mío, y cada tempestad es mi respiro. Soy juego, soy azar, mi nombre no se pronuncia si no es para rezar. Sólo las horas avanzan cuando lo ordeno, y cada persona muere si la muerte pregunta con esmero. ¿Qué poeta ha escrito más que el dosel de mi futesa arrogancia, o el bello hosco del estertor que yace en el umbral de mis pulmones?

Puedo caer en la vanidad de dar una larga charla sobre mí, por eso de que se han escrito tantas biografías como libros de ficciones, y pocos son los que se leen en toda una vida…. Que paradoja pues he leído todos. Así es mi poder: algo indescriptible. Apenas el mundo fue concebido y ya controlaba los rincones y puntos donde se vierten todos los puntos. Soy un ser rencarnado que vine a recoger lo que en tiempos remotos dejé; esas son mis semillas.

Sin embargo, no más puedo contar.

Algo terrible me acontece, y entre tantos calvarios mi desgracia es una agonía. Que para que un rey inferior sueñe con ser rey, yo debo experimentar pesadillas, y para que un noble samaritano sonría debo verme en el sufrimiento. Sí… soy el rey de todo cuanto existe, aunque carece de significado para el eterno sentimiento, el poseer grandes riquezas y vastos territorios si falta un corazón en mi pecho. Sí… yo soy el rey de todo, pues no siento amor por nada.

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