DHARMANITA

por Alí Rendón

Siempre imaginaba que moría la persona que yo más amaba: yo mismo. Años después encontré una máquina del tiempo en mi casa. Viajé por muchos futuros hasta llegar a aquel en el que yo había muerto recientemente y había sido cremado.

Una vez instalado en ese futuro detecté, con una app que las plantas en la playa Boca del Cielo asimilaban algunas de mis cenizas, otras viajaban por el viento hacia los poblados vecinos. Unas pocas de mis partículas carbonizadas flotaban en la playa y un puñado se pegó al bañador negro de una turista. Me le acerqué.

            Sonrió. Tras una charla ligera contó que había dado a su hijo en adopción hace mucho tiempo, luego él murió y desde entonces ella viajaba en el tiempo para mirarlo vivo. “Es mejor que verlo en fotos 3D”, dijo sonriendo.

            Le confesé, yo venía a este futuro donde ya había muerto y el sistema de geo-tanatología –que se valía de una sustancia llamada dharmanita pegada a mis cenizas- me dejaba saber cómo mis átomos se unían a los de una flor, o viajaban sobre la concha de un molusco, mientras yo al mismo tiempo estaba vivo porque me la pasaba viajando en el tiempo para perderme el momento de mi muerte.

            “No”, me dijo, “viniste aquí para saber si alguien visitaría tus cenizas, te mueres por saber si alguien te ha amado tanto como tú mismo. ¿Y sabes qué?, yo soy esa persona.

            Lancé un zarpazo y corrí. Apreté en mi puño las pocas de mis cenizas que le había arrebatado del bañador. Me las tragué. Me supieron a lodo, tortilla quemada y chicharrón. La mujer gritaba desde el agua, quería que la perdonara, dijo que me amaba, que me daría su dirección.

            ¿Para qué?, si no se podía memorizar, ni escribir en un papel de dos dimensiones, el domicilio de alguien que vivía viajando con su arrepentimiento en la sección de primera clase del tiempo.

            Sin embargo, en el lobby del hotel me dejaría su dirección. Un bulbo de vidrio, adentro un vector dinámico: un pez en agua con unas cuantas de mis cenizas o las de ella.

            La aplicación del teléfono indicó que las cenizas que me tragué se reintegraban a mí y otras viajaban hacia dentro de mi madre. Yo volvía a formar parte de ella. Maldije a la dharmanita, maldije a mi madre y a su rapidísima digestión.

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