La calle de las sirenas

Por Pp Camposeco

Esa noche el frio rondaba la habitación de Rebeca, contemplo el reflejo de la luna que se postraba en el vidrio de la ventana de su cuarto. El astro esparcía tristeza por todo el pueblo. Un sollozar se escuchó muy cerca de sus oídos, mientras las luces sufrieron un repentino apagón ocultando todo en un negro que parecía infinito. Rebeca empezó a escuchar pasos, un tacón que daba dos saltos y luego una tesitura del viento helaba la habitación.

Ella, dudó por un instante salir de su cuarto, poco a poco los ruidos que vociferaba el letargo de la oscuridad quebraban la tranquilidad de la noche. Gritó para lograr despertar a su padre, pero ese grito que pareció por un instante ser gutural, se volvió una canción que le solía cantar su madre antes de que Morfeo le robara unas horas de su vida. Cada noche ella le pedía que se la cantara, no podía entregarse a los brazos del dios del sueño sin escuchar esa melodía tan especial para ella y su madre con la tranquilidad de su voz cantaba “La luna cubre la noche mientras las sirenas cuidan tus sueños y con su magia te llevan al sueño eterno.” Un escalofrió rindió su cuerpo haciéndola caer de rodillas,  mientras ella escuchaba a los tacones que seguían acercándose.

Un sueño cubrió sus pensamientos, recordaba la historia de su hermana mayor Mercedes que entre su imaginación, dibujo la comisura de su sonrisa, esos ojos color negro  que eran bañados por una tranquilidad armoniosa y que hacían no tener miedo a Rebeca, una lagrima se desprendió de ella, lamentaba que solo fuera un pensamiento provocado quizás por la necesidad de abrazar a su hermana para desinhibir sus miedos, pero una noche sin despedirse, sin saber qué rumbo tomaron Mercedes y su madre se perdieron entre el misterio de la noche y las lágrimas de la Luna. Ella, entre pequeños recuerdos solo le queda un beso de despedida que su imaginación le construyo. Su hermana le había dicho que cuando se escuchaba  el traquetear de unos tacones acercarse a la habitación, la noche parecía cubrirse por un silencio que provocaba un miedo, al sentirse en una trampa sin salida, mientras en los oídos de ella un lamento que  la invitaba a entregarse y abandonar su cuarto, eso fue lo último que Mercedes le conto un  par de noches antes de que el crepúsculo se la robara junto con su madre.

Cada vez se escuchaban los tacones ir acercándose a Rebeca, mientras ella rendida en el piso de su habitación, se santiguo, pero nada paso y una dulce voz que tenía aires hipnotizadores canto “La luna cubre la noche mientras las sirenas cuidan tus sueños y con su magia te llevan al sueño eterno.” Se sentía atraída por esa voz con acento maternal, se puso de pie,  su conciencia le decía. “no vayas”, “no te acerques” sacudió su cabeza de forma negativa, y empezó a seguir la voz que seguía cantando la canción y los tacones se escuchaban como un largo eco alejándose más. Era media noche cuando de pronto Rebeca se despertó del trance. No reconocía el lugar, dio una vuelta para ver si se le hacía familiar algo, pero solo vio una larga calle que al final solo tenía una lámpara con una tenue luz y los tacones de pronto se pararon. ¿Hay alguien ahí? ¿Pueden decirme alguien dónde estoy? un frio sacudió a Rebeca y en sus oídos una voz de mujer le contesto. Estas en la calle de las sirenas, no temas, te tenemos una sorpresa, levanta la vista. Rebeca obedeció pese al miedo y al frio que la envolvían. Dirigió su mirada en la lámpara y diviso a su madre y a su hermana, se alegró de verlas, sin importarle nada corrió para abrazarlas, la recibieron gustosamente. Las lágrimas empezaron a bañar el rostro de Rebeca, les pregunto qué había pasado con ellas, donde estaban, necesitaba respuestas.

Mercedes y su madre le devolvieron una sonrisa, su hermana le había dicho que no lo entendería por el momento, pero su madre le contesto hija es tiempo de que sepas que paso. Nosotras somos parte de la noche, del silencio somos guardianes entre la vida y la muerte, nos encargamos de guiar a las personas que están prontas a fallecer, a encontrar el camino que les corresponde. Rebeca le pregunto y porque ustedes?. Hija, es una tradición familiar que ha existido desde nuestra primera generación y yo mamá, me reuniré con ustedes también, voy hacer parte de la noche y del silencio? La madre se sorprendió por la petición de Rebeca, ella sabía muy bien que en cualquier momento la noche la absorbería y se haría una guardiana también, pero su madre no quería, le aterraba el hecho de que tuviera el mismo destino que ellas. De pronto la luz de la calle se apagó y rebeca siento un frio, quemar su cuerpo, perdió el miedo y de pronto apareció en su habitación y solo pudo ver que su padre observaba la fotografía de una larga calle que tenía una pequeña lámpara que refleja en el suelo la sombra de tres mujeres, con una inscripción que decía que era la calle de las sirenas.

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