Credo

Por León de Santurtzi

No quedarán vuestras heridas
sangrando; ni vuestro tallo
seguirá sufriendo las flores arrancadas.
¡Respirad! Paz, calma la carne
que las risas también habrán de apagarse.
Y el placer y la violencia,
y las sonrisas y tristezas
dejaran de entretener a vuestro espíritu.
¡Oh, alma de ayer!
Arroja tu vida pues, a la borda, al océano
luengo, desconocido, eterno, si la desdicha hiere.
Somos nada, cierto, pero
el dolor nos hace únicos.
Que las piedras no gritan si se amagan;
que el agua no guilla si se crispa,
y el aire temporal se disipa
en nuestros puños llenos rabia.
Seréis polvo, sí,
pero un polvo obediente.
Elevado en el viento cuando le plazca a la vida,
arrojado al silencio, sin libertad, sin esperanza.

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