Paraíso

José Luis Zorrilla Sánchez

—Estoy muy cansado. —te dice mientras se recuesta en tu hombro.

Tú también lo estás, andar todo el día de camión en camión cargando una guitarra no es cosa fácil, pero tienes que estar alerta, no están seguros y lo sabes.  El camino de regreso siempre es demasiado largo. Parece que el desierto no tiene fin y que llegarán en estado líquido a la estación de autobuses. Haces un poco de aire con las hojas que tienen las notas de las canciones que tocan, ya estás viejo y se te olvidan, no puedes darte el lujo de tocar mal. Tu público no te escucha, a nadie le interesa un viejo y un niño tocando en el camión, sólo les dan dinero para que se callen y se larguen, pero no puedes tocar mal, es por orgullo, tu viejo te enseñó a hacerlo bien. Volteas a verlo, ya cerró los ojos. ¿Por qué no pude darle una vida mejor?, piensas. Maldices al destino y a tu desgracia que no te deja conseguir un mejor trabajo. Tenías que cuidar a  tu madre enferma, salías todos los días a la gran ciudad a hacer lo único que sabes, tocar. No sacabas mucho dinero porque nadie valoraba a los músicos callejeros y la música instrumental, nadie lo hacía antes, menos ahora, es por eso que llevas a tu hijo contigo, para que al menos te ayude a cantar, tiene buena voz el chamaco, al igual que tu padre y tú la tenías. Quisieras que fuera a la escuela, pero apenas tienen dinero para comer. Tu esposa no puede trabajar, le dio “lo fatal” al igual que tu madre y no puede hacer mucho. Nadie sabe qué es pero lo que sí saben es que está acabando con todos en el pueblo.

Sale humo del cofre del camión y este comienza a detenerse poco a poco. Nadie se mueve ni hace ruido, todos saben lo que ha pasado en ocasiones anteriores y tienen una idea de lo que puede ocurrirles.

—Nadie se mueva de sus asientos, iré a echar un vistazo—dice el conductor, está a punto de darle un infarto por el miedo pero tiene que hacerlo. Se baja y abre la parte delantera del vehículo. Sube cinco minutos después. —Tendremos que esperar aquí a que manden de la ciudad a alguien para que nos ayude, no puedo repáralo yo, sé que nadie lo desea y es muy peligroso pero no nos queda de otra, mientras no se mueva nadie la libraremos.

Nadie dice nada, sólo les queda resignarse y agarrar valor. El calor les seca la garganta, pero tienen miedo hasta de tomar un poco de agua o de hacerse aire con un papel. Sus hedores son parte del oxígeno. El bochorno los va irritando poco a poco. Son casi diez de la noche. Lo bueno es que tu chamaco todavía sigue dormido, no sabe lo que pasa. Unos no dejan de temblar y otros sudan más por lo asustados que están que del calor que hace. Conoces a casi todos los que van, es normal para la gente de pueblos chicos como el tuyo. Está Don Jorge, Lupe que trabaja como sirvienta y su hija Chole, los hermanos Armando y Adán y una pareja de hombre y mujer, a ellos no los conoces pero los has visto por el pueblo, él va del lado de la ventana, supones que son novios o algo así porque siempre andan juntos.

—Ya me estoy hartando, no puedo más con este pinche calor—escuchas que le dice él a ella en voz baja.

—Tranquilo, no hagas nada, ya no ha de tardar la ayuda, respira y relájate, siempre haces idioteces cuando te desesperas.

Pasa otra hora. Sabes que nadie vendrá a ayudarlos, a nadie le importa tu pueblo.

— ¡Ya estoy harto! —Dice el joven y rompe la ventana—Ni nos va a pasar nada—todos se quedan en silencio. Segundos después entra una bala, por el hoyo que el mismo acaba de hacer, perfora su cráneo y salpica de sangre el rostro de su acompañante.

Tu hijo despierta por el sonido del impacto. Voltea a verte y pregunta:

— ¿Qué pasa? —le haces una seña de que se quede callado y voltea a ver la escena de lo que ocurrió. No tienes que explicarle nada, lo comprende rápido.

Sienten terror, quieren salir corriendo pero saben que es inútil. La expresión del rostro pálido de la joven, como si la muerte del otro se hubiera llevado la vida de su cuerpo, representa lo que todos sienten No puede gritar, a los cazadores no les gusta el pánico y por eso no debe hacerlo, tal vez sólo lo maten a él y ya, hace poco mataron a muchos, a lo mejor y no quieren matar a todos ésta ocasión, y aunque quiera gritar no puede porque se le cerró la garganta. Todos la observan, de ella dependerá lo que pueda o no pasarles. El aire es denso y cuesta trabajo respirar. Uno de los hermanos, intenta controlarse lo más que puede y pone su mano sobre el hombro de ella para tratar de tranquilizarla, el otro no deja de mover las piernas y pasarse la mano por la cara una y otra vez. El conductor no para de sudar e inhalar grandes bocanadas de aire por la boca. Don Jorge sólo ve a la muchacha, no reacciona y Lupe sujeta con una mano a su hija y con la otra un rosario y rezan juntas una oración. Tu corazón late tan rápido que te duele el pecho. Ves a tu hijo, él está más calmado, siente horror pero logra mantenerse más sereno que tú, sabe qué está pasando, de cierta manera no le sorprende, no como cuando te ocurrió a ti aquella vez, durante el primer ataque de los cazadores.

Eras más chico de lo que es tu hijo ahora, en aquel entonces, ibas de regreso de la escuela acompañado de tu padre. Él tocaba en bares y restaurantes, cantaba bien bonito y de igual manera tocaba la guitarra. Casi siempre eran canciones folk, nada del otro mundo, pero con mucho corazón.

—El jazz sólo los negros lo tocan bien y para un buen country se necesita cambiar la guitarra por un banjo— te decía tu padre

— ¿Y por qué no rock and roll papá?

—Es demasiado arriesgado, si apenas soportan el jazz de los negros no creo que estén preparados para un latino rocanrolero.

Casi todo el camión estaba lleno de niños pero eso no les importó a los cazadores. Todo fue más rápido esa primera ocasión, todavía no disfrutaban tanto de matar. Se detuvieron porque se había reventado un neumático, apenas se bajó el conductor y una lluvia de balas cayó por todos lados. Tu padre te abrazó y los tiró al suelo ambos en cuanto escuchó el primer impacto, nadie tuvo tiempo de gritar siquiera. Fue tu culpa, no pudiste controlarte, no parabas de llorar y por eso los cazadores se dieron cuenta de que sobrevivieron por milagro cuando inspeccionaron el transporte. El que los vio incrédulo, bajó a informar al jefe. Lo único que escuchabas era el sonido de las espuelas alrededor y tu padre trataba de hacer que te controlaras.

—Todo va a salir bien, ves el uniforme que traen puesto, nos ayudarán. —decía tu viejo.

—You gotta be kidding me —dijo una voz abajo a la que le informaron que ustedes seguían vivos— This is good, we’re gonna have a lot of fun, c’mon, bring them down.

Nunca olvidarás a aquel hombre con la brillante placa de Sheriff, era un cerdo con dientes amarillos y cabello de cebo que albergaba gusanos en su barba.

—Hello—dijo con una sonrisa.

—Please help us—respondió tu padre en el mejor inglés que pudo.

—Sorry, i think we made a wrong impression. Do you really think that I am here to help?, after kill everybody in there except you.

Se quedaron atónitos.

—Please, don’t kill us, we’re not going to tell nothing to nobody.

—I don’t care if you say something or don’t, no one will belive you, I just want have some fun.

—Please, just le us go, please.

—Shut the fuck mouth! You are making me stress. Tell me something, you know where are you?

—Please don’t kill us.

—Don’t make me ask again. You know where are you?

—Please don’t kill us.

—C’mon, don’t cry. I’m not gonna kill you, not yet. I just want that you answer a simple question. You know where you are?

—Please don’t kill us.

—Ok, that’s it, let me show some respect, and you should remember answer everytime that everybody ask you something. Bring me the kid. C’mon kid, open your mouth, don’t make me this harder than it is. —dijo mientras pasaba una navaja alrededor de tus labios temblorosos. Desde entonces no puedes hablar.

Lágrimas surgen del rostro conmocionado de la muchacha y se mezclan con la sangre de sus mejillas. Estás preparado para aventarte hacia un lado en cualquier momento con tu hijo, con un poco de suerte puede sucederles lo mismo que a ti y a tu padre y tal vez él pueda volver. La joven empieza a reaccionar con jadeos de aire que cada vez se vuelven más intensos y la secreción de sus ojos aumenta. Apenas abre la boca y en ese momento te tiras hacia un lado sujetando a tu hijo. Lo último que escuchan casi todos fue el grito de aquella chica. Un profundo y agudo sonido hace que te duelan los oídos hasta que poco a poco escuchas unas espuelas que se van acercando.

—Look, someone is running, over there, someone survived!, let’s go catch it!

Escuchas que varias personas se van corriendo hacia otra dirección. Pasan varios minutos de silencio hasta que decides levantarte, lo haces lentamente, tu hijo se queda en el suelo, está temblando. Todos los demás están llenos de hoyos por todos lados, en la cabeza, el pecho, hay a quienes les volaron las orejas, a otros la nariz, a Don Jorge le destrozaron tanto la cara que nadie sabrá quién fue, la sangre escurre de los asientos, no te das cuenta pero estás manchado de rojo por todos lados. Fue el conductor el que salió corriendo. Tal vez tenga suerte y por ser de noche no lo puedan encontrar.

Tomas la guitarra y se van caminando. No sabes ni hacia dónde van, pero es mejor que quedarse, sólo esperas que el camino que tomaron no sea el mismo por donde salieron los otros corriendo.

—So, I’m gonna ask again, and this time I need an answer, you know where you are?

—I don’t know—respondió tu padre en sollozos—I don’t know where we are.

—You see, I just wanted a fucking answer, nothing hard, we don’t needed to get to this point. Let me tell you where are you. You are at the land of freedom, the land of everyone, but this land is more mine than yours, you know why?

—Why?

—‘Cause I have a gun and you don’t.

Después de eso los llevaron a una casucha en la mitad de la nada, lo recuerdas bien, solo eran dos pequeños cuartos, un baño y una sala que era donde estaban los demás cazadores.

—Leave me alone with them—dijo el cerdo y se encerró en uno de los cuartos con ustedes—I’m going to tell you a little secret, to us, mmm, let me think how say it, we don’t really feel atraction for ladies, if you know what I mean— pasaba despacio su mano por la entrepierna de tu padre—If you were woman, i would have killed you already.

—I get it—respondió tu padre—just let my son go and I’ll do everything you want.

—Everything? Without resistance?, well…, that sounds good to me, besides I’m not a monster to do something like that to a kid. I just tell the others and your son can go any time he wants, and when I go back we will start having fun— salió del cuarto.

—Tienes que irte, corre hasta que encuentres a alguien que pueda ayudarte, no intentes volver por mí.

Tú sólo negabas con la cabeza.

—No seas necio, alguien tiene que cuidar a tu madre—te dijo con lágrimas en los ojos— lamento no haberte protegido mejor.

—Alright, your son is free to go and I’m free to do whatever I want to you.

—Vete de inmediato, y jamás olvides que te amo—se despidió de ti con un beso en la frente.

¿Por qué no le hiciste caso? debiste irte en cuanto te dijo, pero no, te quedaste y escuchaste lo que pasó en el otro cuarto

— ¡Aggrh! —gritaba tu padre entre gemidos.

—Where are you?!

—I am at the land of freedom! Aggrh!

—Wrong answer!

—Aggrh—más fuerte.

—You are in a diferente place, you are in paradise. You hear me?, c’mon!, say it!, say that you are in the fucking paradise!

—I’m in paradise!

—That’s right

No sabías a donde ir ni dónde estabas. Deambulaste sin sentido por horas. Quién sabe cómo pero en la noche llegaste a donde se había quedado el camión. Tomaste la guitarra de tu padre que dejaron ahí. Al igual que a ustedes no le pasó nada durante el ataque, comenzaste a tocar las canciones que te enseñó tu viejo hasta que llegó alguien al día siguiente.

—The Sheriff? are you kidding me boy? Are you saying that a sheriff kill all these people? Don’t lie the law boy— nadie te creyó, te dijeron que estabas loco, que eso no era posible, te comunicaste cómo pudiste, con señas y escribiendo en papeles. Hace años las autoridades les dijeron que no tuvieran miedo, que encontrarían a los responsables y los harían pagar, que estaban protegidos, ya se ha repetido lo mismo en diversas ocasiones, pero a nadie le importa un pueblo de latinos en los Estados Unidos, a nadie le importa la gente de San José de la Muerte. Querías seguir yendo a la escuela pero no podías, te era muy difícil comunicarte y tenías que cuidar a tu madre. Tiempo después te casaste con Mariana, se conocían desde niños y a ella no le costaba tanto entenderte. Tuvieron un hijo y muy a tu pesar lo jalaste a este horrible destino, querías que tuviera el destino que tú no tuviste, el que tu padre hubiese querido darte, pero tú sólo no podías hacerte cargo. Y ahora caminan los dos sin rumbo, tratando de alejarse de la muerte, apenas pueden ver con la luz de la luna.

—Tengo mucho miedo—escuchas que te dice tu hijo.

Se detienen junto a un mezquite y buscas leña para hacer fuego para ahuyentar a los animales. Prendes una fogata con unas piedras y lo abrazas fuerte, tratas de tranquilizarlo sobando su cabeza y dándole besos. Sacas una pequeña libreta que guardas en la funda de la guitarra y escribes como puedes; “Estaremos bien, no te preocupes”.

—Look, there are others there, c’mon!, let’s go for them!

Se levantan rápido y empiezan a correr, él te toma la delantera fácilmente, ya estás viejo, en cambio él es muy joven, es más sencillo que escape él. Poco a poco te detienes.

— ¿Qué pasa? ¿Por qué te detienes papá?

Le haces señas de que siga adelante.

—No te dejaré—se acerca y te abraza con lágrimas—no te dejaré, no puedo, ¿qué voy a hacer yo solo con mamá?.

Le das un beso y colocas la guitarra en su espalda, sabrá sacarle provecho al igual que tú, no pudiste enseñarle nada más, ni darle otra cosa. “Corre, hazlo por tu mamá” anotas rápido en un papel. Se resiste, no quiere abandonarte. Vete, le indicas con la mano, vete.

—We’ve got them! —se escucha muy cerca.

Se va y tú te quedas a intentar detenerlos para que no atrapen a tu hijo. Te escondes en un ramaje.

—Wait! Slow down.

Es un grupo de tres, no te ven, el momento llegó. Tomas un palo y golpeas la nuca de uno que cae al suelo, te abalanzas sobre otro y lo tira, te pones sobre él y le sueltas un golpe en la cara pero llega el tercero y con un puntapié en las costillas te hace a un lado. Al que golpeaste en el piso saca un arma y te apunta.

—Run! Go for the other, I’ll keep with this one—le dice el que te apunta al otro

—Ok.

—Motherfucker! —te atiza otra patada.

No baja el arma, está encolerizado, ¿por qué te tiene tanto odio? no te conoce, pero quiere matarte, sabe que al jefe le gusta divertirse con los hombres pero quiere matarte. Jala el gatillo de su arma lentamente, es un revolver, llega hasta la primera carrera, no se detiene, sabes que cuando el disparador de un arma llega a la segunda carrera es casi imposible detenerlo. Pero no llega. De pronto se retuerce hacia atrás y grita, una serpiente le mordió el tobillo, te abalanzas de nuevo contra él y pones tu cuerpo encima del brazo que sostiene su arma para que no te dispar. Le das tantos golpes que al final termina por soltar el revolver por falta de fuerzas, lo tomas y te dispones a ir por el camino en el que se fue tu hijo pero lo primero con lo que te encuentras al voltear es un cañón justo a la altura de tu rostro. Es el tipo al que tiraste con el palo.—Put the gun down!

Levantas las manos y te agachas despacio para dejar el revolver en el suelo.

Se oye un disparo.

Sangre brota de su abdomen y la escupe por la boca. Se desploma ante ti y detrás ves a tu hijo sin la guitarra. Sosteniendo un arma.

 

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