Un cuento para Álvaro

Por Alejandra Peña

¡Muerte, muerte, muerte! A una sola voz, en ovación perenne, el público del lugar, grita al compás marcado por un tambor desde la obscuridad. ¡Muerte, muerte, muerte!

La Arena está a rebosar. Hoy se presenta “La Gran Pelea del Año”, todos los presentes están a la expectativa. En total oscuridad, sólo el ensordecedor grito que vitorea al favorito cimbra el lugar. De pronto, los reflectores que alumbran el cuadrilátero se encienden y cunde el silencio. El público, queda expectante (podría escucharse el zumbido de una mosca), tenso observa aquel ring vacío en el centro. El tambor, vuelve a sacudir el lugar, la muchedumbre reinicia su clamor después de un pronunciado “¡aaaaaaaaaah!”. Lo único que se escucha es ¡Muerte, muerte, muerte! Los reflectores se apagan una vez más y el ” ¡aaaaaaah!” Es más intenso, se interrumpe cuando los reflectores iluminan el lugar por donde aparecerá el contrincante de Muerte (el gladiador favorito y hasta ahora invicto) que está noche se jugará la cabellera contra su máscara. Las enormes puertas, que son replica de las “Puertas del Infierno” de Dante, con todo y la famosa frase ” ¡Oh, Ustedes que entráis por estas puertas, abandonad toda Esperanza!”, se abren lentamente, al redoble de un tambor y una trompeta, tocada por un mismísimo jinete del Apocalipsis.

La gente en total asombro, mira salir un carruaje tirado por auténticos corceles infernales, que salen en furiosa carrera, bufando y extendiendo sus alas fieras, algunas llamas se encienden a su paso, sólo detienen su trote a la voz del mando firme de sus riendas por Caronte, que funge como cochero y con un “¡ooooh!” -enérgico- detiene su loca e infernal carrera, mientras se elevan y relinchan, unas llamaradas refulgentes rodean el carruaje y ahora los cuatro jinetes del Apocalipsis tocan sus trompetas. La puerta se abre lentamente, haciéndose notorio el gran peso que llevaba, al descender Lucifer del mismo.

Es imponente su figura, la belleza de su rostro y su hermosa cabellera cae sobre sus hombros, como pesados racimos de oscuras uvas, sorprende gratamente a los que tienen su lugar en el espacio V. I. P., cuando al desplegar sus negras alas sonríe con serenidad y un ligero toque de crueldad.

El carruaje desaparece en la oscuridad y él toma su lugar en el cuadrilátero, dónde vuelve a desplegar sus brunas alas y asombra a todos con su belleza a través de las enormes pantallas encendidas al fondo.

Se escuchan los gritos de mujeres entusiasmadas -” ¡te regalo mi alma!, ¡Contigo sí me voy al Infierno!-” empiezan a llover flores.

Lucifer, hace una reverencia, y muestra su magnífica musculatura, abre el pecho y flexiona los brazos para que se noten sus poderosos bíceps y sean adorados.

¡Lucifer, Lucifer, Lucifer, Lucifer! Clama una mayoría. Pero, un trueno ensordecedor irrumpe. Apagando aquel entusiasmo. Las luces, desaparecen, el tambor inicial marca su compás y del lado contrario a las Puertas del Infierno. Se ilumina el lugar por donde habrá de aparecer Muerte. Las fauces de un enorme monstruo abisal se abren y una gran columna rocosa emerge ¡tum- tum, tum- tum, tum-tum! Resuena el tambor, la gente grita ¡Muerte, muerte, muerte! Una especie de sombra surge entre humo, desde la cima, es Muerte. La máscara que cubre su rostro, está tan bien adaptada, que cualquiera juraría que es un cráneo verdadero, desde la sombra alguien jala su túnica y queda al descubierto su fantástico y hercúleo cuerpo. Que sostiene en la mano izquierda una guadaña, y con la derecha señala con su poderoso índice a Lucifer que lo espera en el ring.

Usando una tirolesa, baja a toda velocidad, mientras retumba una cruel carcajada, ya en medio del cuadrilátero expone su físico poderoso e invencible.

Lucifer, lo mira impasible, sonríe con crueldad y un brillo maligno ilumina sus ojos, voltea a ambos lados, sube a la tercera cuerda y levanta los brazos, victorioso, sus seguidores gritan su nombre entusiastas, pero Muerte, hace chocar su guadaña sobre el piso y el eco ensordecedor del grito de sus seguidores acalla a los demás…

Aparece el presentador. Que sólo alcanza a decir: ¡ Peleeeaaarááán!…, cuando sin más, Lucifer, se lanza contra Muerte jalándolo por un brazo y le aplica una llave, que Muerte logra convertir en contra llave. Lucifer, muestra un rictus de dolor que palía con una risotada. Ambos se mueven a un ritmo impresionante, con tal velocidad y belicosidad, que el referí no logra hacer su trabajo, se aplican uno al otro potentes castigos. Todos gritan con euforia: ¡Sangre, quiero sangre! Una anciana desde la tercera fila mientras se atraganta de palomitas grita ¡Mátalo, mátalo!…

Sólo Paquito, observa en silencio, los dos son sus ídolos, sus rudos favoritos. ¡No puede creer, que estén enfrentándose! ¡Los más grandes rudos de la historia están peleando y se dan con todo!

Lucifer, se lanza desde la tercera cuerda y cae sobre el vientre de Muerte con un codazo. Muerte se dobla, parece haber perdido el aire, pero se rehace y se lanza contra las cuerdas para rebotar y dar con la cabeza en el pecho de Lucifer, quien ya lo espera y le da vueltas por el brazo para hacerlo chocar contra el poste. Muerte en un movimiento maestro avanza sobre las cuerdas en forma perpendicular y con unas tijeras toma por el cuello a Lucifer, poniéndolo de espaldas planas, oprimiendo su rostro con sus poderosos muslos (el pinche referí no llega a tiempo a contar) y Lucifer alcanza las cuerdas, deteniendo el castigo. – ¡Para así, continuar esta contienda fabulosa, que tiene en vilo al público, señores!-

El respetable rechifla, mientras come tortas, toma un refresco o se avienta palomitas entre sí, a quien le va al que no es su favorito. Sus respectivos ídolos, se dan con toda rudeza en el ring.

Sólo Paquito, no dice nada, está sumido en su asiento, se siente asombrado y con temor. Cierra los ojos, los oprime cuando ve como Muerte, levanta a Lucifer y le da vueltas por los aires, para azotarlo a sobre la lona. Aprieta las manos y los dientes, cuando Lucifer, estrella contra los postes a Muerte e intenta sacarle la máscara. Sin lograrlo.

De pronto, se apagan las luces, la gente pasa del rechiflo a las muestras de indignación. El redoble de tambores tensa aún más la situación. ¡Paquito, no quiere abrir los ojos! Sólo escucha a su papá gritar: ¡Prendan la luz! El tambor resuena, el eco fúnebre de ¡Muerte, muerte, muerte! Es atronador. Se encienden únicamente los reflectores sobre los luchadores. ¡Muerte, parece vencido por Lucifer, que está a punto de quitarle la máscara!… El referí, como en cámara lenta cuenta hasta tres… El rostro de Muerte, casi queda al descubierto. Paquito, tiene miedo, sabe que bajo la máscara, no hay rostro, sino el cráneo descarnado de Muerte, pasa saliva, no quiere ver, ¡no quiere ver! Lucifer casi lo logra…

-¡Paquitooo, es hora de comer!-

¡Sí mamá!, contesta Paquito. Abre los ojos lentamente. Suelta aquellos dos luchadores, los deja en medio de su improvisado ring que construyó con ligas y palitos de paleta. Para esos dos muñecos que son sus favoritos. Esos, que le compró su papá en el tianguis, hace un año, días antes de desaparecer en su camino a Estados Unidos

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s