Breve opinión sobre el crítico y su torre de cristal

Por Elías Barrón Conejo

En el momento que una persona da su opinión sobre algún tipo de arte, no está haciendo otra cosa que crítica, pues está valorando la obra acorde a sus criterios estéticos, formales o hasta sociales, empero, esta valoración en muchas ocasiones entra en la categoría de lo que llamamos “Crítica impresionista”. En esta columna no hablaré de este tipo de crítica sino de otra más académicamente aceptable llamada “Crítica profesional”. ¿Qué es la crítica profesional? Para describirla primero hablaré de lo que NO es, “Crítica escolar” es decir todo aquello que se enseña como literatura.  Muchas veces, la delgada línea que separa una de la otra se rompe, haciendo imposible diferenciar la una de la otra. La crítica actual en México se parece más a una opinión sobre lo que tu profesor de literatura de la preparatoria te dice prescriptivamente lo que debe o no considerarse una obra poética.

Cuando nos referimos a un crítico literario solemos pensar en una persona que académicamente se ha formado en una institución y que a lo largo de su carrera ha alcanzado una serie de conocimientos que le permitan desligarse por completo del mundo prosaico. No obstante, esta visión del crítico como hombre de letras y erudito de profesión dista mucho de la verdadera figura que debe tener a crítica de arte, esa a la que muchos de nosotros hemos decidido confinar a numerosas páginas de gruesos volúmenes que adornan la apacible oscuridad de una biblioteca universitaria; intelectualidad tan inerte y cerrada como si de herméticas tumbas se tratase, lo cual no debe ser así.

La crítica profesional es, o pretende ser un diálogo entre el académico y el público. No es una, o no debe ser una recopilación de datos de análisis académicos expuestos en forma gongorina a la contemporánea. Como ya he mencionado antes, la diferencia entre el crítico escolar y profesional suele ser muy difusa, esto debido a que casi siempre el primero se disfraza del segundo. Como ya mencionaba Antonio Alatorre, los problemas de la figura del Crítico en México suelen ser los siguientes:

  1. Dilettanismo: El prejuicio de que el Crítico tiene una sensibilidad elevada.
  2. Nebulismo: El crítico es eufemista, da opiniones vagas al lector y no establece una conclusión de lo que critica.
  3. Doctrinarismo: Los críticos suelen ser impresionistas y tienen a establecer reglas claras sobre lo que debería ser la literatura.
  4. Cuatachismo: Muchas revistas literarias se hacen elogios mutuos a escritores que son de su simpatía y amistad. «Manifestar simpatía por el autor, elogiarlo, no es hacer crítica literaria (como tampoco manifestarle antipatía o insultarlo.)» [A. Alatorre]

Cabe aclarar que no estoy desprestigiando la labor del crítico ya que es y siempre será de gran utilidad al momento de acercarte a una obra estética. Sin embargo, así como los hay pedantes, petulantes o cuatachistas, también existe verdadera crítica que no pretende hacer otra cosa que acercar las obras al público y ampliar su experiencia estética, jugando con el sentido de la obra y siempre utilizando un lenguaje claro pero retórico y de esa manera conmover o provocar a sus lectores como si de un poeta se tratase.

 

 

 

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