Ingeniería y literatura, entrevista a Alberto Chimal

Por: Alejandra Merino

 

AM: se graduó de la carrera de ingeniería en sistemas y más tarde decidió estudiar Literatura. ¿Me podría contar un poco más acerca de esto?

AC: Fue un poco más complejo de lo que parece. Yo estaba empezando a escribir en la adolescencia; tuve suerte y gané un premio literario en mi ciudad natal a los 16 años. Estudiar ingeniería fue algo que hice por presión de la familia, que no veía futuro en la literatura. Hice la carrera sin dejar del todo la escritura y luego volví a ésta.

AM: ¿qué fue lo que luego lo impulso a estudiar literatura?

AC: Como te decía arriba, ya estaba aprendiendo literatura (aunque no en un sistema formal) desde antes de comenzar la carrera de ingeniería. Posteriormente hice una maestría en Literatura Comparada en la Universidad Nacional Autónoma de México.

AM: ¿Usted tiene proyectos en su primera carrera, ingeniería en sistema, ¿cuáles?

AC: No los tuve como desarrollo exclusivamente ingenieril. He hecho muchos experimentos en los que se combina la escritura literaria con el uso de las plataformas digitales.

AM: ¿Cuál es el mayor prejuicio al cual se enfrentó cuando empezó a estudiar ingeniería?

AC: Como apenas trabajé como ingeniero en “estado puro”, no podría hablar de muchos prejuicios, aunque el mundo laboral mexicano suele ser muy conservador y sexista. He tenido que enfrentar, por otra parte, a alguna que otra persona que no aprecia mi trabajo literario porque yo estudié ingeniería.

AM: ¿Cuál es el mayor prejuicio al cual se enfrentó cuando empezó a estudiar literatura?

AC: Además del que insiste en que la literatura no tiene futuro, o incluso es una actividad indigna, hay una enorme desigualdad de oportunidades en mi país y, sin embargo, muchos sostienen que esa desigualdad no existe. La pasan mucho peor las mujeres, la comunidad LGBTTI o las personas que hablan lenguas originarias (indígenas), pero en mi caso, por ejemplo, me fue imposible llevar más lejos o más rápido mi educación formal o viajar al extranjero por largos periodos, como sí pudieron hacerlo otros colegas. Con esto quiero decir que muchas oportunidades se cerraron para mí durante años o décadas, y mi carrera sí fue perjudicada por eso, aunque haya quien diga que basta con “empeñarse” para que se logren las cosas.

AM: ¿Considera que existe una contrariedad o una igualdad o ambas entre la ingeniería y la literatura? ¿Por qué?

AC: Creo que las diferentes disciplinas del saber humano pueden complementarse de muchas maneras. La división que a veces se percibe entre las ciencias y las humanidades no tiene por qué existir como se describe comúnmente ni mucho menos volverse una rivalidad. En mi caso, el aprender a pensar en modelos y en estructuras, el familiarizarme con la lógica formal y ciertas escuelas filosóficas (en aquel tiempo se estudiaba un poco de teoría del conocimiento, por ejemplo, para hablar de inteligencia artificial), me sirvió mucho más tarde, en la escritura literaria.

AM : Como escritor, Alberto Chimal ¿tiene algún escritor favorito? ¿Quién es y por qué es su favorito?

AC: Tengo varios. Jorge Luis Borges fue uno de los primeros que leí con verdadero estremecimiento. Luego he tratado de buscar muchas otras influencias pero siempre vuelvo a algunos como Angélica Gorodischer, Robert Walser, Philip K. Dick, David Huerta, Edgar Allan Poe, Vladimir Nabokov…

AM: ¿Qué influye su obra literaria?

AC: Todo lo que me rodea, por igual la vida que la lectura (y la lectura, a fin de cuentas, es parte de la vida).

AM: En su obra “La torre y el Jardín”, la ficción y la fantasía dominan el ambiente ¿cree usted que estos dos elementos sean parte de lo cotidiano en México? Si es así ¿Por qué?

AC: Toda novela es ficción, incluso aquella que habla de hechos posibles, porque esos hechos son siempre inventados. De lo contrario sería crónica, o historiografía. De pronto se nos olvida y creemos que la representación es lo representado, y por esa lectura superficial podemos ser víctimas de muchas formas de desinformación y de engaño. Digo esto porque, más que una presencia constante de lo maravilloso o lo improbable (que es una idea que se quedó de los tiempos de Gabriel García Márquez y el realismo mágico, pero ha sido impugnada muchas veces desde entonces), en México lo que hay es, por un lado, mucha violencia, mucha impunidad y corrupción, y por el otro un enorme conformismo: una falta de imaginación que se vuelve paralizante y que nos impide encontrar soluciones a nuestros problemas. Yo estoy convencido de que la literatura de imaginación (que es como llamamos acá a estas formas de narrar lo no convencional) puede de alguna manera educar, estimular la imaginación para incidir sobre el mundo.

AM: ¿Qué hace a un libro un “buen libro”?

AC: Su capacidad de hablarle a una persona y ayudarla a dar sentido a alguna experiencia de su vida o de su interior, ofreciéndole la posibilidad de hacerse sus propias preguntas sobre ella, más que respuestas prefabricadas.

AM: Finalmente ¿Cuál es su comida favorita? ¿Por qué le gusta?

AC: El queso. El queso en todas sus variedades. En México hay quesos que llamamos frescos, que se hacen a mano y se venden en los mercados locales, que son la cosa más maravillosa del mundo.

 

Aquí un enlace de su sitio web: http://www.lashistorias.com.mx/index.php/alberto-chimal/

 

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